Monumentos en el Viernes Santo madrileño (1)

El Monumento:

San Antonio de los Portugueses

 

   La iglesia está en el esquinazo de la corredera baja de San Pablo con la calle de la Puebla. Fundada como San Antonio de los Portugueses aneja al hospital, cuando Portugal deja de pertenecer al imperio español Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe III, se lo concede a los católicos alemanes, cuya presencia en la Corte es numerosa desde la venida a España de Mariana de Neoburgo.

   Desde 1702 la iglesia y el hospital pasaron a pertenecer a la Hermandad del Refugio, creada para socorrer a los necesitados, a los que ofrecían agua, pan y un huevo duro. Se conserva la plantilla de madera con un agujero que la Hermandad empleaba para determinar si el tamaño del huevo era o no el adecuado para ser ofrecido. De ahí quedó la frase si pasa no pasa, si no pasa pasa.  

   Un ejemplo del barroco madrileño, de planta elíptica, del arquitecto Pedro Sánchez, con paredes y cúpula pintadas al fresco. Autores, Juan Carreño de Miranda, Francisco Ricci, y Luca Giordano.

  

La Pequeña Historia:

   Don Juan de la Peña, escritor de la Cámara de Castilla con domicilio en la corredera de San Pablo baja, más arriba de San Antonio de los Portugueses, viene de la confitería que está en la calle Fuencarral a la esquina de la de San Onofre con un paquete en la mano. Paquete de media docena de pasteles de la esperanza, unos rellenos de almíbares y otros de leche a dos reales la unidad. Es Jueves Santo si, pero hubiera podido ser cualquier otro día, porque ese ritual don Juan lo realiza día si, día también.

   En ocasiones sustituye los pasteles por bocados de monja o por roscones de Saboya, porque el dulce en si mismo no es lo que más importa. Don Juan de la Peña, más cerca de los setenta que de los sesenta, va para tres años largos que enviudó, y lo que de verdad importa es que no puede con la soledad. Soledad que dejaría de serlo si la confitera, que mira tú por donde que ironía, se llama precisamente así, le echara más en cuenta. Pero Solita, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, soltera y sin compromiso al menos que se sepa, rubia de muy buen ver, no va ni un milímetro más allá del buenos días don Juan, los bocados de monja están a seis reales la libra.

   Después de seis meses largos no puede decirse que haya avanzado mucho, pero don Juan de la Peña, que está destrozándose con parejo ritmo el bolsillo y el estómago, lo acaba de decidir. Esta misma tarde un poco antes de que cierren, vuelve a la confitería con la excusa de que Solita le ha anunciado que van a recibir el bizcocho de Mallorca. Realmente a lo que va es a pedirla que acepte acompañarla a la costanilla de los Ángeles, que es donde la confitera vive en compañía de su santa madre, viuda a su vez de Tomás Fernández, maestro guarnicionero que fue en vida. Y ya puestos a pedir que si querría unirse mañana viernes a las nueve, a la procesión del Entierro de Cristo en la iglesia de las Señoras Descalzas Reales.

   Si sale bien adelante con los faroles, si no sale, don Juan de la Peña, escritor de la Cámara de Castilla, lo tiene muy claro ¡ni un dulce más! Guarda en su cartera un anuncio del Diario de Madrid cuidadosamente recortado. «Señora viuda de circunstancias, con cuarto en una de las mejores calles próxima a la Puerta del Sol, solicita un huésped a quien cederá una alcoba y sala con balcón a la calle».

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San Antonio de los Portugueses en el plano de Texeira 1656. La fuente que aparece en el interior del edificio, está en el Plano de la Villa y Corte de Madrid de Fausto Martínez de la Torre y Joseph Asensio impreso en 1800, bajo el epígrafe FUENTES PUBLICAS Y PARTICULARES página 114, nombrada  como la de San Antonio de los Portugueses. Imagen cortesía de Mercedes Gómez.