Monumentos en el Viernes Santo madrileño (6)

El Monumento:

Parroquia de San Millán y San Cayetano 

   Sita en la calle de Embajadores, la planta es de cruz griega con tres naves y cuatro capillas rematadas con sus correspondientes cúpulas más la cúpula central, y es obra de la acción continuada de los arquitectos Marcos López, José de Churriguera, Pedro de Ribera y Francisco de Moradillo.

   Es la antigua iglesia del convento de Nuestra Señora del Favor, de clérigos teatinos, convento más conocido como de San Cayetano, nombre del fundador de la orden. Con la desamortización de Mendizábal es destinado a viviendas, mientras que la iglesia permanece dedicada al culto religioso.

   En el año 1869, al ser derribada la iglesia de San Millán en la plazuela de la Cebada, se produce el traslado de la sede parroquial a la iglesia de la calle de Embajadores, creándose de esta manera la iglesia parroquial de San Millán y San Cayetano.

La pequeña historia:

   Gabriel de la Torre solamente hace meses que ha terminado sus estudios en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, y hasta su posada en la calle de los Reyes alta, frontera con el convento de la Visitación, han venido a requerirle por un asunto que urge. Es Domingo de Ramos, pero como se trata de un compromiso ha tomado su maletín y se ha llegado hasta el número 3 de la calle San Millán cuarto principal.

   Don Juan Bautista de Sotomayor y Martínez de Toledo, ingeniero en jefe de Su Majestad, ha amanecido con dolor de costado y dada su avanzada edad su sobrina Cecilia, educanda del Real Monasterio de las Señoras Salesas de esta Corte, no ha parado hasta conseguir la visita de un médico. Afortunadamente la dolencia resultó ser de poca importancia y después de detallado examen, así se lo hizo saber Gabriel a Cecilia.

   Cecilia, una mujer bellísima está como extasiada ante la presencia de Gabriel según parece desprenderse del más mínimo de sus gestos. Era como si hubiera estado esperándole toda la vida, ¡y por fin! esa mañana festiva el destino le ponía en su camino. Con los ojos muy abiertos y una dulce sonrisa seguía las explicaciones del licenciado como si no hubiese otra cosa en el mundo que mereciese ser escuchada.

   Hay que decir aquí para general conocimiento, que Gabriel se enamora de la sobrina del ingeniero del rey desde el primer instante. Un apasionado amor que todo lo hace diferente, un apasionado amor que todo lo vuelve maravilloso, un apasionado e increíble amor.

   Gabriel y Cecilia se han visto día si y día también, y la tarde del Viernes Santo en la calle de Atocha siguiendo la procesión que sale del convento de Santo Tomás, y dado el mucho concurso que hay, empujón va empujón viene, han terminado como casi sin darse cuenta cogidos de la mano entrelazados los dedos. Con la voz entrecortada, sin ser capaz de expresarse bien dada la enorme turbación que le produce el contacto con la mano de Cecilia, el licenciado en Medicina y Cirugía consigue al fin, declararle su amor. Amor que Cecilia acepta, porque ella también le quiere con toda su alma.

   Hoy, Domingo de Resurrección Gabriel se ha levantado temprano dado que tiene trabajo y quiere dejarlo terminado cuanto antes para ir a ver a Cecilia. Ha extendido una pila de papeles sobre la ya un tanto desvencijada mesa, un libro aquí, un libro allá, y lleva ya un tiempo en su quehacer cuando suenan golpes en la puerta. Golpes dados con premura, el que llama quien quiera que sea, parece traer prisa.

   En el umbral de la puerta se dibuja la figura de un golfillo de los del otro lado de la calle del Barquillo. De San Antón, de Regueros, de Válgame Dios, calles solitarias de caserío bajo y esquinazos oscuros. Pregunta por don Gabriel el cirujías que tiene claro, para que le buscan.

   Por el cuartel del Barquillo y más propiamente por el barrio de las Mercedarias se mueven los chisperos que trabajan el hierro, y motivos para la bronca sobran. El cortejo a una maja de otro barrio, que si la honra del Barquillo está en solfa, que si muera el Avapiés. Lo normal es que las cosas no vayan a más y todo termine en un descalabro, eso si con una considerable brecha.

   Pero en ocasiones el asunto se complica y las navajas salen a brillar, un puntazo para dejarle la cara guapa a un baladrón. Sólo que esta mañana Gabriel las cosas no son como tú las piensas. Esta mañana no hay un chispero malherido perdiendo sangre  en una escondida revuelta, esperando que vayas a hurgarle con tu cacharrería y si puedes a ponerle andando, El golfo viene a otro recado, y no es que no haya una navaja cortando el aire, que haberla hayla. Búscate quien te haga la cura Gabriel, o cúrate tu mismo si puedes, o que te cure el tiempo si el tiempo puede, porque hoy el viaje es para ti. Tú todavía no lo sabes, pero el acero frío y cortante de la palabrería que trae el golfo, te va a partir el alma.

   Cecilia no quiere volver a verle, así sin mas, sin ningún tipo de explicación. Y no hay ni una sola, entiéndelo bien Gabriel ni una sola palabra más que añadir al mensaje que trae el zagal. Y cuando quiere reaccionar ya es tarde, el golfo acostumbrado a desaparecer a la velocidad del rayo ante las mismas narices de Satanás, ha volado escaleras abajo, y tiempo hará que le está dando aire al real de la comanda. Todos los intentos de Gabriel resultarán estériles, no volverá a ver nunca a Cecilia, y el cirujano no lo sabe, pero cosas no del todo claras en su acreditación de limpieza de sangre tuvieron la culpa. Y la cobardía de Cecilia claro.

                                                          CebadaySanMillan

La habitación de Cecilia Sotomayor en la calle San Millán manzana 144 número 3, donde acude el cirujano Gabriel de la Torre. En la plaza de la Cebada,manzana 15 número 11, la parroquia  de San Millán, que en 1869  traslada su sede a la iglesia de San Cayetano en la calle Embajadores, para constituir la  iglesia parroquial de San Millán  y San Cayetano.

Plano de la Villa y Corte de Madrid. 1800 Fausto M. de la Torre y Josef Asensio

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