Monumentos en el Viernes Santo madrileño (y 7)

El Monumento:

Iglesia del Convento de Nuestra Señora de la Concepción

Mercedarias descalzas

   La iglesia del convento de las Mercedarias descalzas se halla en la calle Góngora. Esta joya del barroco madrileño, planta de cruz latina es obra de los arquitectos Manuel de San Juan Bautista y Villareal, y Manuel del Olmo. Lo funda en 1663 Juan Jiménez de Góngora, del Consejo Real y Cámara de Castilla del Rey don Felipe IV, y el convento es conocido desde un principio como de las Góngoras, habida cuenta del apellido de su fundador.

   Aquí se produce un pequeño desbarajuste callejero. El convento situado en la plazuela del duque de Frías, al desaparecer ésta en el XIX y convertirse en calle es bautizada  como Góngora, pero no el Góngora Juan consejero de Felipe IV, sino el Góngora Luis, creador del culteranismo. Bien lo dice el madrileñista Pedro de Répide. Fue justicia en honor del poeta cordobés, pero agravio al origen histórico.

La pequeña historia:

   Lorenzo Ribera va para treinta años que trabaja como oficial por un salario en la librería de la calle Toledo frente a la portería de la Concepción Gerónima. Ni un día de menos es lo que lleva perdidamente enamorado de María Vallejo, esposa del mercader de libros Alfonso Bustamante dueño de la oficina imprenta y librería ya mencionada. Con la agridulce sensación de verla todos los días, porque la posada de María y Alfonso en el cuarto principal del inmueble, tiene también acceso por la librería, Lorenzo de acuerdo con sus principios ni una sola mirada que delate su pasión, ni el más mínimo gesto que muestre su amor, y usted Lorenzo ¿no se casa? siempre tratado por María con la misma fría y educada indiferencia.

   Últimamente las cosas han variado porque hace tres meses Alfonso Bustamante falleció a consecuencia de una bronquitis crónica según certificado facultativo, y la viuda y su hija convenidas entre si en seguir con la casa de comercio de dicho don Alfonso, han dado todo su poder cumplido para que corriese con el manejo de la referida casa de comercio por la mucha satisfacción y confianza que le tienen a Lorenzo Ribera.

   Estaba siendo tarea compleja dada la dureza de la ordenanza de imprentas y haber sufrido la  visita de inspección. Si fue difícil convencer al Corrector de que dos prensas sueltas lo estaban por ser en desuso y prestas a retirarse, más lo fue al estarse imprimiendo un tratado de Geometría y no disponer en la imprenta ni del original ni de la licencia de impresión. Requerido Lorenzo Ribera dijo haber recibido de un maestro de matemáticas de esta Corte un ejemplar del tratado impreso hacía siete años, habiéndole dicho así mismo que tenía en su poder las licencias de impresión. Sólo el buen hacer de Lorenzo con el Corrector había impedido la pena de seis mil ducados y seis años de destierro.

   Mañana soleada de Viernes Santo, Lorenzo saliendo de visitar el monumento de la parroquial iglesia de San Andrés en la plazuela de su nombre, se cruza con María, su hija y el pretendiente de ésta, un joven grabador italiano, que entraban al mismo quehacer. La viuda de riguroso luto, alta, guapa hasta dolerla, buenos días Lorenzo adiós Lorenzo, siempre tratado con la misma fría y educada indiferencia. En San Andrés se venera a Nuestro Señor de la Paciencia, del que Lorenzo, como no podía ser menos, es devoto.

   Mañana soleada de Sábado de Gloria, a la salida de misa de doce en San Millán, María de riguroso luto, alta, guapa hasta dolerla, requiere a Lorenzo. Quiere verle esa tarde en su posada si no le hace mal por temas de testamentaría, la niña se ha ido unos días a Uceda con sus tíos, ya supone usted Lorenzo que la librería es la mayor y más sana parte de caudal partible. Ya a punto de despedirse María introduce un pequeño papel en la mano de Lorenzo, que al sentir el roce se ha puesto como la grana. En un esquinazo de la plazuela de la Cebada, el corazón a mil por hora, lee el papel. Lorenzo amor mío, suba usted por la librería.

SanAndres

 

Número 2 de la manzana 129, Parroquia de San Andrés, en la plazuela y

barrio de su nombre, cuartel de San Francisco.  

Plano de la Villa y Corte de Madrid. 1800

Fausto M. de la Torre y Josef Asensio

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Monumentos en el Viernes Santo madrileño (6)

El Monumento:

Parroquia de San Millán y San Cayetano 

   Sita en la calle de Embajadores, la planta es de cruz griega con tres naves y cuatro capillas rematadas con sus correspondientes cúpulas más la cúpula central, y es obra de la acción continuada de los arquitectos Marcos López, José de Churriguera, Pedro de Ribera y Francisco de Moradillo.

   Es la antigua iglesia del convento de Nuestra Señora del Favor, de clérigos teatinos, convento más conocido como de San Cayetano, nombre del fundador de la orden. Con la desamortización de Mendizábal es destinado a viviendas, mientras que la iglesia permanece dedicada al culto religioso.

   En el año 1869, al ser derribada la iglesia de San Millán en la plazuela de la Cebada, se produce el traslado de la sede parroquial a la iglesia de la calle de Embajadores, creándose de esta manera la iglesia parroquial de San Millán y San Cayetano.

La pequeña historia:

   Gabriel de la Torre solamente hace meses que ha terminado sus estudios en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, y hasta su posada en la calle de los Reyes alta, frontera con el convento de la Visitación, han venido a requerirle por un asunto que urge. Es Domingo de Ramos, pero como se trata de un compromiso ha tomado su maletín y se ha llegado hasta el número 3 de la calle San Millán cuarto principal.

   Don Juan Bautista de Sotomayor y Martínez de Toledo, ingeniero en jefe de Su Majestad, ha amanecido con dolor de costado y dada su avanzada edad su sobrina Cecilia, educanda del Real Monasterio de las Señoras Salesas de esta Corte, no ha parado hasta conseguir la visita de un médico. Afortunadamente la dolencia resultó ser de poca importancia y después de detallado examen, así se lo hizo saber Gabriel a Cecilia.

   Cecilia, una mujer bellísima está como extasiada ante la presencia de Gabriel según parece desprenderse del más mínimo de sus gestos. Era como si hubiera estado esperándole toda la vida, ¡y por fin! esa mañana festiva el destino le ponía en su camino. Con los ojos muy abiertos y una dulce sonrisa seguía las explicaciones del licenciado como si no hubiese otra cosa en el mundo que mereciese ser escuchada.

   Hay que decir aquí para general conocimiento, que Gabriel se enamora de la sobrina del ingeniero del rey desde el primer instante. Un apasionado amor que todo lo hace diferente, un apasionado amor que todo lo vuelve maravilloso, un apasionado e increíble amor.

   Gabriel y Cecilia se han visto día si y día también, y la tarde del Viernes Santo en la calle de Atocha siguiendo la procesión que sale del convento de Santo Tomás, y dado el mucho concurso que hay, empujón va empujón viene, han terminado como casi sin darse cuenta cogidos de la mano entrelazados los dedos. Con la voz entrecortada, sin ser capaz de expresarse bien dada la enorme turbación que le produce el contacto con la mano de Cecilia, el licenciado en Medicina y Cirugía consigue al fin, declararle su amor. Amor que Cecilia acepta, porque ella también le quiere con toda su alma.

   Hoy, Domingo de Resurrección Gabriel se ha levantado temprano dado que tiene trabajo y quiere dejarlo terminado cuanto antes para ir a ver a Cecilia. Ha extendido una pila de papeles sobre la ya un tanto desvencijada mesa, un libro aquí, un libro allá, y lleva ya un tiempo en su quehacer cuando suenan golpes en la puerta. Golpes dados con premura, el que llama quien quiera que sea, parece traer prisa.

   En el umbral de la puerta se dibuja la figura de un golfillo de los del otro lado de la calle del Barquillo. De San Antón, de Regueros, de Válgame Dios, calles solitarias de caserío bajo y esquinazos oscuros. Pregunta por don Gabriel el cirujías que tiene claro, para que le buscan.

   Por el cuartel del Barquillo y más propiamente por el barrio de las Mercedarias se mueven los chisperos que trabajan el hierro, y motivos para la bronca sobran. El cortejo a una maja de otro barrio, que si la honra del Barquillo está en solfa, que si muera el Avapiés. Lo normal es que las cosas no vayan a más y todo termine en un descalabro, eso si con una considerable brecha.

   Pero en ocasiones el asunto se complica y las navajas salen a brillar, un puntazo para dejarle la cara guapa a un baladrón. Sólo que esta mañana Gabriel las cosas no son como tú las piensas. Esta mañana no hay un chispero malherido perdiendo sangre  en una escondida revuelta, esperando que vayas a hurgarle con tu cacharrería y si puedes a ponerle andando, El golfo viene a otro recado, y no es que no haya una navaja cortando el aire, que haberla hayla. Búscate quien te haga la cura Gabriel, o cúrate tu mismo si puedes, o que te cure el tiempo si el tiempo puede, porque hoy el viaje es para ti. Tú todavía no lo sabes, pero el acero frío y cortante de la palabrería que trae el golfo, te va a partir el alma.

   Cecilia no quiere volver a verle, así sin mas, sin ningún tipo de explicación. Y no hay ni una sola, entiéndelo bien Gabriel ni una sola palabra más que añadir al mensaje que trae el zagal. Y cuando quiere reaccionar ya es tarde, el golfo acostumbrado a desaparecer a la velocidad del rayo ante las mismas narices de Satanás, ha volado escaleras abajo, y tiempo hará que le está dando aire al real de la comanda. Todos los intentos de Gabriel resultarán estériles, no volverá a ver nunca a Cecilia, y el cirujano no lo sabe, pero cosas no del todo claras en su acreditación de limpieza de sangre tuvieron la culpa. Y la cobardía de Cecilia claro.

                                                          CebadaySanMillan

La habitación de Cecilia Sotomayor en la calle San Millán manzana 144 número 3, donde acude el cirujano Gabriel de la Torre. En la plaza de la Cebada,manzana 15 número 11, la parroquia  de San Millán, que en 1869  traslada su sede a la iglesia de San Cayetano en la calle Embajadores, para constituir la  iglesia parroquial de San Millán  y San Cayetano.

Plano de la Villa y Corte de Madrid. 1800 Fausto M. de la Torre y Josef Asensio