La verdarera historia del marqués de Perales (y 9)

El marqués de Perales ¿culpable o inocente?

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (8))

   Este post cierra, esta para mi novedosa y sorprendente historia, de un madrileño de finales del siglo XVIII, y en el que hay que determinar si José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, fue culpable o no de traición al pueblo de Madrid. No he podido encontrar ni una sola prueba documentada del afrancesamiento del marqués de Perales. Su trato con Murat y el haber recibido favores de éste, argumento que podría soportar esa creencia, es solamente tradición oral.

   Lo que sí está probado es que el 6 de agosto de 1808 el marqués solicita al Consejo permiso para hacer una función de vigilia y misa cantada por las almas de los difuntos españoles que perdieron la vida en esta Corte el día 2 de mayo, y en los demás sucesos posteriores contra los franceses dentro y fuera de Madrid. La función religiosa a celebrarse en el convento de los PP Carmelitas Calzados, en la calle del Carmen manzana 352 número 7. Una vez que el Consejo se sirve conceder el permiso solicitado un día después, el marqués cursa las invitaciones correspondientes, suplica a V.I. se sirva asistir a una misa dedifuntos, con la intención y lugar ya especificados, el viernes 12 de mayo a las diez de su mañana. (AHN Consejos, Leg. 5521, Exp. 19)

   Aunque ciertamente no se trata de una prueba definitiva, no parece lógico pensar que un afrancesado solicitara una cosa así. Más bien parece la reacción de una persona a la que ha dolido la muerte de personas, conocidas o no, pero que siente próximas, con algunas de las cuales probablemente ha convivido. Julian Puerto Rodríguez en un excelente trabajo titulado Aproximación comentada a La manola del Portillo o las aventuras y desventuras del marqués de Perales, editado por por la Casa Regional de Extremadura en Getafe, cita los nombres de hasta cuatro hortelanos del marqués, muertos en la refriega callejera del 2 de mayo.

   Si el marqués hubiera estado tan implicado con el rey intruso como supondrá la majeza el primero de diciembre, bien hubiera podido, como hicieron otros, acompañar el 31 de julio a José en su huída a Vitoria. Por ejemplo el conde de Cabarrús, al que el marqués de Perales pocos días antes de la salida de las tropas francesas de esta Corte, le vende dos mulas conviniendo un precio de nueve mil y quinientos reales. Autorizando el conde al marqués que el día de su marcha se llevase una berlina que dejaba, la vendiese, y que su valor sirviese para el pago de la citada cantidad. (AHN Consejos, Leg. 9395, Exp. 60)

   En La Gaceta de Madrid de fecha 11 de noviembre de 1808 se incluye una lista en la que continúan los donativos para asistir al ejército. En ella aparece la marquesa de Perales con seis camisas. Antes, en el mes de agosto, el marqués colabora decidamente con el Consejo en el inventariado de armas dejadas por los franceses en el Museo y en el Buen Retiro, poniendo en conocimiento de ese mismo Consejo, que las armas han sido entregadas para su custodia al comandante de Artillería José Navarro Falcón.

   Yo no he podido verlo, pero me han asegurado que desde el palacio de la calle Magdalena se tiene acceso a un pasadizo subterráneo que comunica con el Palacio Real. Si tú eres afrancesado, si tú has sustituido con arena la pólvora de los cartuchos, siendo cosciente de lo exaltados que están los ánimos ante la proximidad del ejército francés, y oyes el ruido que produce la turba en la calle, el tiempo que se tarda en derribar a hachazos un portón, te da el margen suficiente para escapar por el pasadizo.

   Pero si tú te diviertes como ellos, si te vistes como ellos, si amas como ellos, si te consideras en fin uno de ellos, no puedes imaginar que las navajas de la majeza cortando el aire lo que buscan es el marquesado. Ese apego a las viejas tradiciones de tu querido Madrid, ese rechazo a novedades traídas de fuera, son el soporte de tu confianza, confianza que va a costarte la vida.

   ¿Razones del apuñalamiento? Nunca la tarición del marqués, nunca su afrancesamiento; probablemente confluyeron varias, los celos de una manola despechada, los odios escondidos de unos majos hacia quien realmente está lejos de ser uno de ellos, y quizás también recelos de miembros de la nobleza, celosos de su poderío como ganadero y de su influencia para con el rey.

   No quiero terminar esta historia sin poner algo de manifiesto. ¿Qué ocurrió para que de fortificar los portillos de Madrid, de abrir zanjas aquí y allá, de reclutar y armar paisanos para la defensa, se pase a firmar un tratado de rendición no muy honroso que digamos? Si quieres puedes echar un vistazo a los 11 artículos de que consta en el Diario de Madrid de fecha 7 de diciembre de 1808.

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001651892&search=&lang=es

   Esa decisión que toma la Junta Militar de la Villa de Madrid, y en su nombre firman Tomás de Morla, director general de Artillería, y Fernando de la Vera, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, viene motivada por conocer la Junta la fuerza militar que despliega Napoleón desde Chamarín. Pero no me cabe duda que también influyó el ignominioso comportamiento de la turba, a la que hubiera sido complejo someter a una imprescindible disciplina militar. Mi muy querido José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, tu muerte absurda si pero no baldía, contribuyó a evitar la de otros muchos madrileños armados con viejos fusiles, a manos de un bien pertrechado ejército profesional. Ya no te pareció bastante rezar por ellos, les distes la vida con la tuya.

La verdadera historia del marqués de Perales (7)

La historia del marqués de Perales en la literatura

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (6))

   La figura del marqués de Perales ha sido fuente de inspiración para numerosos autores, pero yo me quedo con Benito Pérez Galdós, que en sus Episodios Nacionales, y más concretamente en los titulados La corte de Carlos IV y Napoleón en Chamartín, le hace intervenir con profusión. Galdós viene a Madrid en 1862 con 19 años, y empieza publicar sus novelas hacia 1870, es decir 58 años más tarde de la trágica muerte del marqués. Importante considerar estas cifras, para aceptar que parte de la información que maneja le puede llegar por trasmisión oral directa.

   Pérez Galdós esconde el personaje «a quien llamo don Juan de Mañara, no porque éste fuera su nombre, sino porque me cuadra designarle así, para no andar trayendo y llevando los títulos de respetables casas, por los altibajos de esta puntual historia». Pero el Juan de Mañara de Galdós, es marqués, regidor de Madrid, y es asesinado en su palacio de la calle de la Magdalena con Napoleón a las puertas de Madrid. No cabe pues la menor duda de quién se trata, y nombrarle así, es toda una declaración de intenciones.

   Le hace guardia real, puede que lo fuera pero yo no he conseguido probarlo documentalmente, entendido en heráldica, equitación y en las artes del toreo, y galanteador por igual en los estrados y en los bailes de candil. En sus correrías nocturnas vestía como un manolo de Lavapiés, o un chispero de Maravillas. En lo político Galdós le sitúa en el partido fernandino partidario de la caída de Godoy y del destronamiento de los reyes padres.

   El ambiente de la majeza en el que gusta moverse el señor de Mañara lo conforman los salones de Polonia la Aguardentera, o de Rosa la Naranjera bodeguera de la calle de las Maldonadas en cuya casa se jugaba a los naipes y donde no se consentían trampas. Otras célebres majas, como la Pelumbres con sus salones en la calle Torrecilla del Leal, tienda de hierro viejo, y con la mejor mano para tocar las castañuelas. Ambientes en el que también se mueven marquesas y duquesas, que Benito Pérez Galdós también enmascara. Precisamente una duquesa y María Sánchez, hermana de la Pelumbres, sustituyen a la Zaina en las preferencias del marqués, dando lugar a los celos de ésta.

   Pérez Galdós que describe a la perfección los barrios bajos, comete un error «y que casi nunca dejaban de visitar a una altísima dama, la cual lo era sin duda por vivir en un tercer piso de la calle de la Pasión, y tenía por nombre la Zaina». En 1808 la calle de la Pasión no existe en el callejero madrileño. Donde vive la Zaina es en la calle de San Pedro, una de las varias con ese nombre existentes en la Villa, concretamente la que va de la Ribera de Curtidores a la calle de Embajadores. Calle que en efecto tomará el nombre de la Pasión a mediados de siglo, y que hoy es la de Fray Ceferino González.

   La Zaina, de nombre Isabel Rejoncillos es una maja que tiene un cajón en el mercado, y que por despecho, aparecerá como principal causante del apuñalamiento del marqués, al hacer correr el rumor de que es un traidor vendido a los franceses con los que ha pactado la entrega de la Puerta de Toledo, y responsable de haber rellenado con arena los cartuchos entregados al pueblo que se apresta a defender su ciudad del invasor francés.

   «Corrimos por la calle de Jesús y María, y al llegar a la de la Magdalena, la vimos completamente llena de gente; todo el vecindario estaba en los balcones, y un clamor inmenso llenaba la longitud de la calle». La tragedia es inevitable, la palabrería de la maja, verdadera o falsa, ha incendiado a la majeza, y lo mejor de cada casa de las calles del Olivar, de la ancha de Lavapiés, del Ave María, va a tomarse la justicia por su mano. «. . . terribles hachazos hicieron temblar las labradas maderas de la puerta señorial . . . Hicieron, pues, pedazos la puerta, y el pueblo entró desbordándose e invadiendo el palacio . . . No debía, pues, hacerse esperar mucho la satisfacción de la popular furia, y bien pronto nos quedamos helados de terror, oyendo decir: ”Le han matado, ya le han matado”».

   Instantes más tarde el cadáver de Juan de Mañara colocado en un estero y con una cuerda al cuello, es arrastrado entre insultos por las calles del barrio, y con una tremenda violencia que harán desaparecer su figura humana.

   Pérez Galdós que da por real la traición llevada a cabo con la cartuchería, sin atreverse a afirmarlo con rotundidad, no atribuye a su personaje la autoría de la traición. «Mañara pecaba de libertino, de ligero, de vano, y más que nada de enamorado. Jamás se distinguió en otras maldades que en las del amor, por cierto bien perdonables. Le conocí alevoso y traidor en cuestiones de faldas; pero no supe nunca que en asuntos graves faltara a las leyes del honor. Con esos antecedentes casi puede asegurarse que no fue Mañara autor de la superchería de los cartuchos».

   Pero si no fue Mañara ¿quién fue el responsable de la manipulación? Benito Pérez Galdós ni echando mano de todas las fuentes puede hacer correr el agua clara de la verdad. «Esto sí que ni la historia, ni la tradición, ni los viejos, ni yo podemos decíroslo».

La verdadera historia del marqués de Perales (6)

La familia del marqués de Perales

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (5))

   Su abuela paterna, Antonia Velasco de Moreda primera marquesa de Perales, madrileña nacida el 29 de enero de 1694. Título concedido por Felipe V, en San Ildefonso el día 24 de septiembre de 1727.

   Su padre, Ventura Antonio Fernández de Pinedo y Velasco, segundo marqués de Perales, de quien José hereda el título, murió el 8 de julio de 1802. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 38 de Difuntos, folio 449) Había testado seis años antes ante el escribano del número de la Villa de Madrid, Miguel Tomás París. (AHP Protocolo 19.511 folios 28 – 37) Nombra como sus legítimos y únicos herederos a sus hijos María de la Concepción, María de la Soledad, y José, y se ocupa del futuro de las personas que le habían servido durante años. Es en ese mismo testamento donde realiza una curiosa reivindicación del apellido Fernández, remontándose a su quinto abuelo que usaba el Fernández de Pinedo, pero que su hijo y descendientes no usaron limitándose al Pinedo. «He tenido y tengo por conbeniente usar de los mismos apellidos Fernández de Pinedo según como queda dicho usó el citado mi quinto abuelo de los quales quiero que usen mis hijos y descendientes».

   Su madre, Micaela González de Quijano murió en doce de agosto de 1791. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 37 de Difuntos, folio 44) Se la enterró de secreto con licencia del Vicario en la iglesia del convento de San Francisco de esta Corte, y dieron de fábrica diez ducados.

   Sus hermanas, María de la Concepción y María de la Soledad son importantes de cara al marquesado dado que José no tuvo descendientes de su matrimonio con Josefa Gutiérrez de los Ríos. María de la Concepción, doce años mayor que José fue su madrina y casó con Miguel Fernández Duran. Fue una mujer muy culta y tradujo del francés La muerte de los justos y Tratado de educación de la nobleza. Murió con 47 años el 7 de enero de 1802. Su hijo, Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo a la violenta muerte de su tío José, heredó el marquesado. Si su abuelo materno Ventura reivindicaba el Fernández, Antonio lo lleva por partida doble. Casa en segundas nupcias con su prima hermana María del Pilar Pando y Fernández de Pinedo, que es hija de María de la Soledad.

   La mujer del marqués de Perales, Josefa Gutiérrez de los Ríos, había nacido en Córdoba, ciudad en la que, una vez obtenido el Real permiso, se casan el 18 de junio de 1788. Josefa Gutiérrez de los Ríos fue también una mujer culta, Teodomiro Ramírez de Arellano da a la imprenta en 1873 su obra Paseos por Córdoba en la que escribe que a principios de siglo, la marquesa de Perales que habitaba en la casa del Bailío de noche recibía a sus numeroso amigos aficionados todos a la música, a la literatura y a la declamación, celebrándose animados conciertos, representándose obras dramáticas y operas completas. No específica que años son pero a principios de siglo y por su vinculación con Córdoba, no hay duda que esa marquesa de Perales es Josefa Gutiérrez de los Ríos. También Joaquín Álvarez Barrientos en Espacios de la comunicación literaria cita que Nicasio Gallego era asiduo a la tertulia de la marquesa de Perales, que por fechas debe ser la misma Josefa. Ya como marquesa viuda de Perales es posible que se trasladase a la calle de Valverde, a una casa que no he conseguido localizar.

   Su sobrino, Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo, del que ya he mencionado que hereda el título, y es en consecuencia el cuarto marqués de Perales. El 23 de mayo de 1810 el Diario de Madrid inserta en sus páginas un extracto de las minutas de la Secretaría de Estado en las que José I, Rey de las Españas y de las Indias, nombra comandantes, ayudantes y abanderados de los batallones de milicia cívica. Para el batallón del quartel del Avapies, el comandante es el marqués de Perales que vive en la calle de la Magadalena. En la Gaceta de Madrid de fecha 1 de noviembre de 1810 aparece el nombramiento de caballero de la Real Orden de España el marqués de Perales, comandante de batallón de la guardia cívica de Madrid. De su matrimonio con su prima hermana María del Pilar, del que también he hablado, tuvo tres hijos, Manuel, Carlos y María de la Concepción Fernández Durán y Pando, siendo Carlos quien heredará el marquesado. Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo murió en 21 de julio de 1831, y según aparece en su partida de defunción a causa de accidente. Accidente del que no he conseguido noticia alguna. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 43 de Difuntos, folio 126 vto)

La verdadera historia del marqués de Perales (5)

La historia del marqués de Perales y la música

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (4))

   La manola del Portillo es una zarzuela en tres actos en prosa y en verso de Emilio Carrere y Francisco G. Pacheco, con música del maestro Pablo Luna. La acción transcurre en el Madrid del 1808, y su protagonista masculino es el marqués de Navares, regidor de Madrid, un guardia de corps que enamora a marquesa y manola por igual, y que por igual desdeña, y al que los majos del Portillo de Embajadores, tildándole de afrancesado quieren acuchillar por la honra de una manola. Suena conocido ¿verdad?

   Pero el libreto se separa bastante de la realidad. El marqués de Perales no es soltero, no es tan joven como aparece en la zarzuela y ésta sitúa el apuñalamiento en la procesión del Carmen y no en el palacio de la calle Magdalena. Y a diferencia de la realidad, el final no es tan cruento porque Paloma, la manola del Portillo, en un arranque de generosidad salva la vida del marqués, interponiéndose entre él y la majeza.

   Juan Montes es un torero enamorado no correspondido de Paloma.

Paloma Aunque tú dices / que soy veleta, no cambio. / Sabes que tengo un martelo / que es el galán más bizarro, / más parlotero y garboso / que pisa los barrios bajos.

J. Montes ¡Echa tu rumbo Paloma! / Y . . . ¿es curtidor ese majo?

Paloma Mi novio es guardia de Corps / del señor Don Carlos Cuarto.

   Martelo es la unión y correspondencia cariñosa entre dos personas, y Paloma echa en cara a una vecina su edad.

Paloma ¡Anda, doña siglo y medio! / ¿Le ha dado a vuacé permiso / para hablar el sepulturero?

   Doña Belisa es la dueña de la duquesa, y Manuela, otra maja que ha sorprendido a su pretendiente hablando con ella.

Manuela ¿Le estás haciendo el amor / a la cuesta de la Vega?

   En Madrid es frecuente para referirse a una persona mayor o a una cosa antigua decir de ella que tiene más años que la Cuesta de la Vega. Cuesta que lleva desde Santa María la Real de la Almudena a la vega del río Manzanares. Y el torero Juan Montes opina que cada uno debe ocupar su sitio.

J. Montes Vayan los caballeros / a ruar con sus madamas / y dejen a los manolos / las majas de rompe y rasga.

   Ruar es aquí pasear la calle, cortejando y sirviendo, a las damas especialmente. Y al final Paloma impide el apuñalamiento.

Paloma Por lo que te quise / he sabido perdonarte. / Por las calles y las plazas / ya no dirán los romances: / Por la honra de una manola , / en la procesión del Carmen / mataron al marquesito . . . /No quiero que por vengarme / mañana diga la copla; / ¡Cómo lloraba su madre!

   La madre del marqués, Micaela González de Quijano, no hubiera podido llorar el apuñalamiento de su hijo. Había muerto en doce de octubre de 1791 (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro de difuntos nº 37, folio 44)

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   Preciosa portada de tapa blanda del libreto. Es el nº 22 de LA FARSA / Publicación Semanal de Obras de Teatro / Director: Valentín de Pedro / Administración RYVADENEIRA S. A. Sección de Publicaciones / Paseo de San Vicente 20. – Madrid

   La obra se estrenó en Madrid, en el teatro Pavón, el día 21 de enero de 1928. El teatro Pavón está en la calle Embajadores, construido entre 1924 y 1925, es obra del arquitecto Teodoro Anasagasti.

   El libreto está digitalizado, si tienes curiosidad por echarlo un vistazo puedes hacerlo en

http://archivc.org/details/lamanoladelporti00/and

   Si te interesa tener el libreto, usando el buscador de iberlibro.com puedes acceder a una amplia lista de librerías en donde poder comprarlo, con un no menos amplio abanico de precios. desde 6 a 22 euros, dependiendo del estado de conservación-

La verdadera historia del marqués de Perales (4)

¿Fue realmente apuñalado el marqués de Perales?

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (3))

 

   De todos los interrogantes que se plantean, quizás el de mayor relieve sea el que a continuación se expresa. ¿Fue José Fernández de Pinedo responsable de sustituir la pólvora por arena en la fabricación de cartuchos? Pero interrogantes hay más, y su respuesta podría ayudar a resolver el enigma principal. ¿Realmente fue así o simplemente se hizo correr el bulo, manipulando o no el asunto de los cartuchos, para poder culpar al marqués? ¿Se produjo realmente el apuñalamiento del marqués y el arrastre de su cadáver por las calles del barrio del Avapiés?

   En el libro de difuntos de la parroquia de San Sebastián en la calle de Atocha, que es la que corresponde a la feligresía de la calle de la Magdalena, no aparece la partida de José Fernández de Pinedo. En los ejemplares de esas fechas de la Gaceta y del Diario de Madrid tampoco aparece la más mínima mención al apuñalamiento.

   Sin embargo, en el ejemplar del Diario de Madrid de fecha 30 de junio de 1809, es decir siete meses después del presunto asalto al palacio, aparece inserta la siguiente nota. «En virtud de providencia del Sr. D. León de Sagasta, theniente corregidor de esta Villa, se ha abierto almoneda en casa del Sr. Conde marqués de Perales, en el qual hai ropas, muebles, tapicería alfombras, y otras cosas del uso de la casa, coches, carros y mulas; lo que se avisa al público, y que estará abierta desde las 8 ½ de la mañana hasta las 11½, y de 4 a 7 por la tarde.»

   Como queda claro a la vista de la notificación del Sr. Alcalde de Casa y Corte, almoneda es la venta pública de alhajas, o bienes que se hace con intervención de la justicia. Si bien el diccionario da una segunda acepción de venta particular de ventas y trastos que se hacen sin intervención de ella, no hay duda que aquí se produce intervención judicial. Y se produce intervención judicial porque el marqués muere abintestato, Situación bastante lógica considerando que en el momento de su inesperado fallecimiento el marqués tiene 42 años y no tiene hijos. Por ejemplo, su padre Ventura Fernández de Pinedo, otorgó testamento con 59 años.

   Previa a esta nota debió publicarse una en el Diario de Madrid o en otro medio parecido, en la que se hiciera citación a las personas que como herederos y acreedores se considerasen con derecho a los bienes producidos por el fallecimiento del marqués, pero no he sido capaz de encontrarla.

   Lo que sí he podido consultar el inventario de sus bienes realizado previo a la almoneda, por orden del mencionado juez D. León de Sagasta y con testimonio del Escribano de S.M. D. Christobal de Vicuña. Los bienes inventariados del marqués ocupan la friolera de 821 folios, lo que no deja lugar a dudas de que D. José Fernández de Pinedo, Marqués de Perales, tiene un pasar. (AHP Protocolo 26.626, folio 287 – 1109)

   Así pues parece fuera de duda que el marqués muere finales de 1808 a principios de 1809, pero ¿muere apuñalado en su palacio ese fatídico 1 de diciembre? Prácticamente todos los literatos que novelan con mayor o menor extensión la figura del marqués, asumen su apuñalamiento, pero vamos a ir a la fuente quizás más creíble y en la que seguramente han bebido la mayoría. La más creíble por ser su autor quien es y por la proximidad en el tiempo a los hechos que narra.

   Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, Duque del Infantado, el mismo que convocó al paisanaje en las afueras de la Puerta de Fuencarral, quizás cuestionada su actuación frente a las tropas napoleónicas, saca a la luz en Sevilla el 2 de julio de 1809 el documento titulado MANIFIESTO / DE LAS OPERACIONES / DEL EXERCITO DEL CENTRO / DESDE EL DIA 3 DE DICIEMBRE DE 1808 / HASTA EL 17 DE FEBRERO DE 1809.

   En él describe que se repartieron entre el paisanaje 8000 fusiles, también como todos pedían cartuchos, petición que no pudo ser atendida y ante la casualidad, así lo califica, de haberse hallado cartuchos de arena entre los repartidos esa mañana, el pueblo desconfió. Empezaron a formarse varias partidas y se temía que traidores afrancesados franqueasen al enemigo la entrada en la Villa.

   Transcribo ahora literalmente uno de los párrafos del manifiesto. «En efecto, en el barrio del Avapiés tomó en unos momentos tal cuerpo, que vinieron a avisármelo expresándome que se habían dirigido hacia la casa del marqués de Perales, y que éste, su mayordomo, y cuantos tenían relación con él, corrían inminente peligro. Por de pronto fui a socorrer a estos infelices, reservando para después el castigo que se mereciesen; pero por más que me esforcé en llegar a tiempo, ya no existía Perales: su sangriento cadáver, arrastrado en un estero y lleno de puñaladas, iba en triunfo por las calles, llamándole traidor y a voz en grito. Reunese a mi vista todo el pueblo manifestando en sus semblantes el mayor júbilo, y honrándome con las más lisonjeras expresiones; deponen de repente el gran furor que los dominaba ofreciendo sujetarse gustosos a lo que yo dispusiera. Calmó la conmoción, cesó el tumulto, se apaciguó todo, salvé al mayordomo de Perales, depositándolo preso en la casa de Correos; y después de dadas algunas providencias relativas a la tranquilidad pública interior, me dirigí a la misma casa, donde por ser el punto céntrico, se fixó la Junta permanentemente.»

   Sorprende un poco el brusco cambio en la actitud popular, y a pesar de que el manifiesto fue contestado de inmediato, eso sí en puntos que no tenían nada que ver con la muerte del marqués, considerando las actuaciones judiciales que se produjeron, doy por válida la narración de los hechos del duque del Infantado. El marqués de Perales fue apuñalado hasta morir por una turba que asaltó su palacio de la calle de la Magdalena.

 

La verdadera historia del marqués de Perales (3)

El marqués de Perales cosido a puñaladas 

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (2))

   Los hachazos consiguen echar abajo la puerta del palacio del marqués en la calle de la Magdalena y la turba enfurecida recorre las dependencias. Todo ocurre muy deprisa, en cuestión de segundos José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, muere cosido a puñaladas. Y su cadáver, colocado sobre una estera, es arrastrado por las calles del barrio que le vio nacer.

   ¿Quiénes son los autores del mortal apuñalamiento? Los autores son majos del barrio del Avapiés, a los que se han unido chisperos venidos de las herrerías de los desmontes de Santa Bárbara fronteros al Barquillo, y posiblemente varias aguerridas manolas del portillo de Embajadores.

   ¿Cómo es posible que haya ocurrido una tragedia así? Situemos los hechos cronológicamente. Corre el año 1808, y en el día 31 de su mes de julio José I, que había sido proclamado Rey de las Españas días antes, conocido el resultado de la batalla de Bailén, abandona Madrid en dirección a Vitoria. A mediados de noviembre se conoce en la Villa que derrotado el ejército de Extremadura cerca de Burgos, Napoleón presto a restituir a su hermano, tiene en Somosierra un último obstáculo para entrar en Madrid.

   Se organiza un tanto improvisadamente la defensa de la ciudad, y el miércoles 30 de noviembre, por las mañanas de 9 a 1 y por las tardes desde las 3 hasta las 7, se inicia el alistamiento de la Milicia honrada. Deben alistarse vecinos entre 16 y 60 años, haciéndolo en diferentes claustros conventuales según el quartel en donde vivan. En el punto de alistamiento está presente un regidor de Madrid, un Oficial militar y un Escribano, y entra dentro de lo probable que el regidor presente en el claustro de la Trinidad Calzada de la calle de Atocha, donde deben alistarse los moradores del quartel del Avapiés, sea el marqués de Perales.

   Se han repartido hasta ocho mil fusiles y en las fábricas de pólvora, las salas del laboratorio de cartuchos se llenan de devotos religiosos que sustituyen en la tarea de fabricarlos a los que se han incorporado a la defensa de la Villa. En la que está próxima al colegio de Niñas de la Paz de la calle Embajadores y bajo la dirección del marqués de Perales, se hacen cartuchos a toda prisa, para suplir las escasas remesas existentes en el depósito de municiones del Parque de Artillería.

   El marqués de Perales, regidor perpetuo de la Villa y Corte tiene 42 años, y es un hombre apuesto y elegante con bien merecida fama de don juan, muy popular en calles y plazuelas del quartel del Avapiés, por el que se mueve con la misma soltura que lo haría por los palacios de la más alta nobleza. Imitando además modos y maneras de la majeza madrileña, incluso hasta en su indumentaria.

   El paisanaje que tenga escopeta y pueda manejarla, es requerido por orden del Excmo. Sr. Duque del Infantado para presentarse con ella y sus arreos en la pradera que llaman de Guardias de Corps, fuera de la Puerta de Fuencarral para la organización de la defensa, donde se demanda la entrega de cartuchos, y ante el hecho de no haber más que poder entregar, el pueblo se mueve excitado hacia la casa de Correos en la Puerta del Sol, en la que por su situación geográfica se ha establecido la Junta de Defensa. En un momento dado, alguien descubre que hay cartuchos rellenos de arena y las palabras traición y afrancesado se extienden por todos y cada uno de los barrios. Una manola, que sufre de amores al sentirse despechada por el marqués, hace a éste responsable de la traición prendiendo la mecha del odio en el más explosivo de los quarteles. ¡El del Avapiés!

   ¡Todos a la Magdalena! ¡A las casas del marqués! Los hachazos terminan por derribar la puerta del palacio, y no mucho más tarde el cadáver del marqués de Perales, es arrastrado en una estera, entre gritos de traidor y afrancesado por la calles de la Cabeza, del Ave María, hasta llegar al Campillo de la Manuela, donde su destrozado cuerpo es recuperado por los frailes agonizantes.

   Hasta aquí un resumen de los hechos, más o menos documentados, tal como han sido narrados por historiadores y por literatos que han novelado las aventuras y desventuras del marqués. A la vista de ellos se plantean un buen número de interrogantes que caso de ser resueltos permitirían escribir la verdadera historia del marqués de Perales. No va a ser tarea fácil, pero vamos a intentarlo, tomando como punto de inicio el dudar, el dudar de cualquier cosa que no pueda estrictamente probarse.

La verdadera historia del marqués de Perales (2)

El marqués y la iglesia parroquial de San Sebastián

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de (1))

 

   Como lo prometido es deuda voy a revelaros la identidad del personaje que mencionaba en el post La verdadera historia del marqués de (1). Su nombre es José Martínez de Pinedo y González de Quijano, y nace el día 23 de junio de 1766 a las dos y cuarto de la mañana, en Madrid, calle de la Magdalena, manzana 9, casa número 8. Casa propia, ubicada en el barrio del Ave María del quartel del Avapies. ¡Más madrileño imposible!

   Es hijo de Ventura Fernández de Pinedo, natural de esta Corte, caballero del orden de Alcántara, gentilhombre de cámara de S.M. y su mayordomo de semana, regidor perpetuo de la ciudad de Toledo, y de su legítima esposa Micaela González de Quijano, natural de la ciudad del Puerto de Santa María, Arzobispado de Sevilla, condes de Villanueva y marqueses de Perales.

   José es bautizado en la iglesia parroquial de San Sebastián a cuya feligresía pertenece la calle de la Magdalena, por D. Francisco Javier Martínez, cura propio de dicha iglesia, el día 24 de ese mismo mes y año, siendo su madrina María de la Concepción Fernández de Pinedo y González de Quijano, su hermana doce años mayor, quien fue advertida del parentesco espiritual y la obligación adquirida de enseñarle la doctrina. (Libro 42 de Bautismos, folio 15)

   El día 18 de junio de 1788, es decir a punto de cumplir 22 años y una vez obtenido el consentimiento paterno se casa en la iglesia de San Nicolás de la ciudad de Córdoba, con Josefa Gutiérrez de los Ríos, natural y vecina de la citada ciudad. Medio año más tarde, exactamente el 15 de febrero de 1789, en las casas propias de su morada sitas en la calle de la Magdalena, demarcación de la parroquia de San Sebastián, recibieron en el expresado día y en la nominada parroquia las bendiciones nupciales. (Libro 32 de Matrimonios, folio 54 vto.)

   Diecinueve años más tarde, el 8 de julio de 1802, Ventura Fernández de Pinedo, padre de José, muere en su palacio de la calle de la Magdalena (Libro 38 de Difuntos folio449), instituyendo por sus herederos a José, a María de la Concepción, y a María de la Soledad, sus tres legítimos hijos. Y nuestro personaje es desde esa fecha el nuevo marqués de Perales, tercero de ese título.

   El palacio de los marqueses de Perales levantado hacia 1730, es probablemente uno de los palacios barrocos de mayor interés que se conservan en Madrid. Parece ser que la contribución de Ribera se limita a la portada principal, atribuyéndose el resto del edificio a los maestros Agustín de Castro y José López de Sojo. En la actualidad el palacio ubicado en el número 10 de la calle de la Magdalena y totalmente remozado, es sede de la Filmoteca Nacional. Solamente permanece del primitivo palacio entrando a la mano izquierda, una espectacular escalera.

   Son las primeras horas de la tarde del día 1 de diciembre del año 1808. Una turba enfurecida que viene de la Puerta del Sol con su fuente de la Mariblanca en el centro, cruza la calle de Atocha dirigiéndose hacia el Avapies para terminar abarrotando la calle de la Magdalena. El portero del Señor Marqués de Perales advertido del peligro que se avecina, cierra presuroso el portón. Gritos de rabia fuera, gritos de angustia dentro, unos y otros ahogados por los hachazos que intentan derribar la puerta para abrirse paso franco.