La verdadera historia del marqués de Perales (4)

¿Fue realmente apuñalado el marqués de Perales?

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (3))

 

   De todos los interrogantes que se plantean, quizás el de mayor relieve sea el que a continuación se expresa. ¿Fue José Fernández de Pinedo responsable de sustituir la pólvora por arena en la fabricación de cartuchos? Pero interrogantes hay más, y su respuesta podría ayudar a resolver el enigma principal. ¿Realmente fue así o simplemente se hizo correr el bulo, manipulando o no el asunto de los cartuchos, para poder culpar al marqués? ¿Se produjo realmente el apuñalamiento del marqués y el arrastre de su cadáver por las calles del barrio del Avapiés?

   En el libro de difuntos de la parroquia de San Sebastián en la calle de Atocha, que es la que corresponde a la feligresía de la calle de la Magdalena, no aparece la partida de José Fernández de Pinedo. En los ejemplares de esas fechas de la Gaceta y del Diario de Madrid tampoco aparece la más mínima mención al apuñalamiento.

   Sin embargo, en el ejemplar del Diario de Madrid de fecha 30 de junio de 1809, es decir siete meses después del presunto asalto al palacio, aparece inserta la siguiente nota. «En virtud de providencia del Sr. D. León de Sagasta, theniente corregidor de esta Villa, se ha abierto almoneda en casa del Sr. Conde marqués de Perales, en el qual hai ropas, muebles, tapicería alfombras, y otras cosas del uso de la casa, coches, carros y mulas; lo que se avisa al público, y que estará abierta desde las 8 ½ de la mañana hasta las 11½, y de 4 a 7 por la tarde.»

   Como queda claro a la vista de la notificación del Sr. Alcalde de Casa y Corte, almoneda es la venta pública de alhajas, o bienes que se hace con intervención de la justicia. Si bien el diccionario da una segunda acepción de venta particular de ventas y trastos que se hacen sin intervención de ella, no hay duda que aquí se produce intervención judicial. Y se produce intervención judicial porque el marqués muere abintestato, Situación bastante lógica considerando que en el momento de su inesperado fallecimiento el marqués tiene 42 años y no tiene hijos. Por ejemplo, su padre Ventura Fernández de Pinedo, otorgó testamento con 59 años.

   Previa a esta nota debió publicarse una en el Diario de Madrid o en otro medio parecido, en la que se hiciera citación a las personas que como herederos y acreedores se considerasen con derecho a los bienes producidos por el fallecimiento del marqués, pero no he sido capaz de encontrarla.

   Lo que sí he podido consultar el inventario de sus bienes realizado previo a la almoneda, por orden del mencionado juez D. León de Sagasta y con testimonio del Escribano de S.M. D. Christobal de Vicuña. Los bienes inventariados del marqués ocupan la friolera de 821 folios, lo que no deja lugar a dudas de que D. José Fernández de Pinedo, Marqués de Perales, tiene un pasar. (AHP Protocolo 26.626, folio 287 – 1109)

   Así pues parece fuera de duda que el marqués muere finales de 1808 a principios de 1809, pero ¿muere apuñalado en su palacio ese fatídico 1 de diciembre? Prácticamente todos los literatos que novelan con mayor o menor extensión la figura del marqués, asumen su apuñalamiento, pero vamos a ir a la fuente quizás más creíble y en la que seguramente han bebido la mayoría. La más creíble por ser su autor quien es y por la proximidad en el tiempo a los hechos que narra.

   Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, Duque del Infantado, el mismo que convocó al paisanaje en las afueras de la Puerta de Fuencarral, quizás cuestionada su actuación frente a las tropas napoleónicas, saca a la luz en Sevilla el 2 de julio de 1809 el documento titulado MANIFIESTO / DE LAS OPERACIONES / DEL EXERCITO DEL CENTRO / DESDE EL DIA 3 DE DICIEMBRE DE 1808 / HASTA EL 17 DE FEBRERO DE 1809.

   En él describe que se repartieron entre el paisanaje 8000 fusiles, también como todos pedían cartuchos, petición que no pudo ser atendida y ante la casualidad, así lo califica, de haberse hallado cartuchos de arena entre los repartidos esa mañana, el pueblo desconfió. Empezaron a formarse varias partidas y se temía que traidores afrancesados franqueasen al enemigo la entrada en la Villa.

   Transcribo ahora literalmente uno de los párrafos del manifiesto. «En efecto, en el barrio del Avapiés tomó en unos momentos tal cuerpo, que vinieron a avisármelo expresándome que se habían dirigido hacia la casa del marqués de Perales, y que éste, su mayordomo, y cuantos tenían relación con él, corrían inminente peligro. Por de pronto fui a socorrer a estos infelices, reservando para después el castigo que se mereciesen; pero por más que me esforcé en llegar a tiempo, ya no existía Perales: su sangriento cadáver, arrastrado en un estero y lleno de puñaladas, iba en triunfo por las calles, llamándole traidor y a voz en grito. Reunese a mi vista todo el pueblo manifestando en sus semblantes el mayor júbilo, y honrándome con las más lisonjeras expresiones; deponen de repente el gran furor que los dominaba ofreciendo sujetarse gustosos a lo que yo dispusiera. Calmó la conmoción, cesó el tumulto, se apaciguó todo, salvé al mayordomo de Perales, depositándolo preso en la casa de Correos; y después de dadas algunas providencias relativas a la tranquilidad pública interior, me dirigí a la misma casa, donde por ser el punto céntrico, se fixó la Junta permanentemente.»

   Sorprende un poco el brusco cambio en la actitud popular, y a pesar de que el manifiesto fue contestado de inmediato, eso sí en puntos que no tenían nada que ver con la muerte del marqués, considerando las actuaciones judiciales que se produjeron, doy por válida la narración de los hechos del duque del Infantado. El marqués de Perales fue apuñalado hasta morir por una turba que asaltó su palacio de la calle de la Magdalena.

 

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La verdadera historia del marqués de Perales (3)

El marqués de Perales cosido a puñaladas 

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (2))

   Los hachazos consiguen echar abajo la puerta del palacio del marqués en la calle de la Magdalena y la turba enfurecida recorre las dependencias. Todo ocurre muy deprisa, en cuestión de segundos José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, muere cosido a puñaladas. Y su cadáver, colocado sobre una estera, es arrastrado por las calles del barrio que le vio nacer.

   ¿Quiénes son los autores del mortal apuñalamiento? Los autores son majos del barrio del Avapiés, a los que se han unido chisperos venidos de las herrerías de los desmontes de Santa Bárbara fronteros al Barquillo, y posiblemente varias aguerridas manolas del portillo de Embajadores.

   ¿Cómo es posible que haya ocurrido una tragedia así? Situemos los hechos cronológicamente. Corre el año 1808, y en el día 31 de su mes de julio José I, que había sido proclamado Rey de las Españas días antes, conocido el resultado de la batalla de Bailén, abandona Madrid en dirección a Vitoria. A mediados de noviembre se conoce en la Villa que derrotado el ejército de Extremadura cerca de Burgos, Napoleón presto a restituir a su hermano, tiene en Somosierra un último obstáculo para entrar en Madrid.

   Se organiza un tanto improvisadamente la defensa de la ciudad, y el miércoles 30 de noviembre, por las mañanas de 9 a 1 y por las tardes desde las 3 hasta las 7, se inicia el alistamiento de la Milicia honrada. Deben alistarse vecinos entre 16 y 60 años, haciéndolo en diferentes claustros conventuales según el quartel en donde vivan. En el punto de alistamiento está presente un regidor de Madrid, un Oficial militar y un Escribano, y entra dentro de lo probable que el regidor presente en el claustro de la Trinidad Calzada de la calle de Atocha, donde deben alistarse los moradores del quartel del Avapiés, sea el marqués de Perales.

   Se han repartido hasta ocho mil fusiles y en las fábricas de pólvora, las salas del laboratorio de cartuchos se llenan de devotos religiosos que sustituyen en la tarea de fabricarlos a los que se han incorporado a la defensa de la Villa. En la que está próxima al colegio de Niñas de la Paz de la calle Embajadores y bajo la dirección del marqués de Perales, se hacen cartuchos a toda prisa, para suplir las escasas remesas existentes en el depósito de municiones del Parque de Artillería.

   El marqués de Perales, regidor perpetuo de la Villa y Corte tiene 42 años, y es un hombre apuesto y elegante con bien merecida fama de don juan, muy popular en calles y plazuelas del quartel del Avapiés, por el que se mueve con la misma soltura que lo haría por los palacios de la más alta nobleza. Imitando además modos y maneras de la majeza madrileña, incluso hasta en su indumentaria.

   El paisanaje que tenga escopeta y pueda manejarla, es requerido por orden del Excmo. Sr. Duque del Infantado para presentarse con ella y sus arreos en la pradera que llaman de Guardias de Corps, fuera de la Puerta de Fuencarral para la organización de la defensa, donde se demanda la entrega de cartuchos, y ante el hecho de no haber más que poder entregar, el pueblo se mueve excitado hacia la casa de Correos en la Puerta del Sol, en la que por su situación geográfica se ha establecido la Junta de Defensa. En un momento dado, alguien descubre que hay cartuchos rellenos de arena y las palabras traición y afrancesado se extienden por todos y cada uno de los barrios. Una manola, que sufre de amores al sentirse despechada por el marqués, hace a éste responsable de la traición prendiendo la mecha del odio en el más explosivo de los quarteles. ¡El del Avapiés!

   ¡Todos a la Magdalena! ¡A las casas del marqués! Los hachazos terminan por derribar la puerta del palacio, y no mucho más tarde el cadáver del marqués de Perales, es arrastrado en una estera, entre gritos de traidor y afrancesado por la calles de la Cabeza, del Ave María, hasta llegar al Campillo de la Manuela, donde su destrozado cuerpo es recuperado por los frailes agonizantes.

   Hasta aquí un resumen de los hechos, más o menos documentados, tal como han sido narrados por historiadores y por literatos que han novelado las aventuras y desventuras del marqués. A la vista de ellos se plantean un buen número de interrogantes que caso de ser resueltos permitirían escribir la verdadera historia del marqués de Perales. No va a ser tarea fácil, pero vamos a intentarlo, tomando como punto de inicio el dudar, el dudar de cualquier cosa que no pueda estrictamente probarse.