Mañana sin falta tengo que hacer un supermercado

   Mañana sin falta tengo que hacer un supermercado. ¡Madre del amor hermoso! Si, has oído bien y me parece que has exagerado un punto la exclamación. No te quejes porque tienes una noche por delante para asumirlo, y para definir una estrategia de comportamiento que minimice riesgos. ¡En algo tendrás que ayudar digo yo!

   Piensa que es mucho peor si te ves cogido a traición, cuando paseando por unos grandes almacenes a los que sólo has ido a comprar un regalo para tu nieta que cumple años el viernes, y como la mayoría de las cajeras están desocupadas, voy a aprovechar que no hay nadie para comprar dos o tres cosas que me hacen falta. Será un momento piensas. Tremendo error que toma cuerpo cuando ves a tu mujer con un carro. ¿Si son dos o tres cosas para que narices necesita un carro? Cuanto antes lo asumas mejor, vais a terminar haciendo un supermercado como la copa de un pino. Cuando una hora larga después enfiláis hacia las cajas, esas que antes estaban vacías, ahora como por arte de magia y sólo para fastidiarte, están sorprendentemente abarrotadas de personas con unos no menos abarrotados carros.

   Vamos a lo de mañana. No pierdas el tiempo en seleccionar un carro porque elijas el que elijas, las ruedas delanteras estarán locas, el carro no irá nunca por donde tú quieras, el carro irá por donde quiera el carro. Ya te gustaría a ti ver al Fernando Alonso ese con el carro que te ha tocado en suerte, tomar la curva de los congelados sin estamparse contra el lineal de productos de limpieza.

   Bueno ya estás en la frutería, porque hay que comprar peras. Miras de reojo que nadie haya seguido tu largo y trabajoso proceso de enfundarte el condenado guante, te daría un corte tremendo. Te fijas en un tipo parecido a ti, que se mueve con una insultante soltura, y que de un tirón seco se ha hecho con absoluta limpieza, con una pequeña bolsa. Ese debe venir todos los días piensas. Tu seco tirón ni de lejos consigue los mismos efectos. Después de varios intentos en falso, no te llevas una bolsa, te llevas tres, así que tienes que deshacerte con el mayor disimulo posible de dos de ellas. Ahora viene el problema de abrirla y por más que juegas con pulgar e índice la bolsita no se abre. Cuando por fin lo consigues el tipo parecido a ti, el que debe ir todos los días, te lleva cinco bolsas de ventaja.

   Ya tienes unas cuantas peras en la bolsa así que la cierras y te encaminas triunfador a la báscula. Hay que desandar el camino, no te has fijado en el numerito que hay que teclear para que la báscula te dé la etiqueta con el precio de las condenadas peras. Lo malo es que de vuelta al lineal hay varios tipos de peras y como es lógico, con diferentes números. La cuestión es que tú no tienes ni idea de dónde has cogido las peras de tu bolsa, así que hay que pedir ayuda. Se trata de peras conferencia, y en ese momento te planteas dos cuestiones básicas. ¿Cómo unas peras se pueden llamar así? y ¿cómo has podido vivir tantos años sin saber de su existencia?

   Hacen falta botellas de agua. Esto es fácil y como el pack de seis realmente pesa, piensas que esto sí que es una ayuda para tu mujer. Te sientes útil, sensación que te va a durar hasta que el azar te lleve a encontrarte con ella a la vuelta de cualquier lineal. Esas botellas no sirven, son demasiado grandes, no caben en la nevera. ¿Por qué demonios hacen las botellas tan altas? o ¿por qué demonios hacen las neveras tan bajas? ¡Vaya usted a saber!

   La vida te va a dar otra oportunidad. Necesito yogures edulcorados, 0% de materia grasa, con fibra y cereales. No debes estar tan mayor cuando has conseguido memorizar eso hasta que encuentras el lineal de yogures. Lo que ocurre es que el dichoso lineal, en el que por cierto siempre hace un frío espantoso, es tremendamente complejo. El demostrar el teorema de Fermat comparado con controlar un lineal de yogures es un juego de niños de primaria. Después de un largo tiempo de afanosa búsqueda consigues encontrar un pack que parece cumplir todos los requisitos. El problema está en que el sabor es de frutas del bosque, y sabes perfectamente que odio las frutas del bosque. Mientras devuelves el pack al lineal te preguntas como se puede odiar a un yogur.

   Solo nos falta el jamón y el queso para sandwichs. ¡Aleluya! El final parece cerca. Coges los numeritos del turno, y es igual que te toque enseguida, que tengas que esperar un poco o que tu número tarde en aparecer muchísimo. Cuando eso ocurra tu mujer nunca estará contigo. ¿Qué queso le pongo? Si de acuerdo para sandwichs, pero cremoso, camembert, havarti, bajo en grasa, bajo en sal, light. Eliges uno al azar porque como escojas el que escojas, te vas a equivocar.

   En el tema del jamón lo tienes más claro, tú solo puedes tomar de bellota, pero aquí los problemas vienen con el ¿cuánto le pongo? ¡No tienes ni la menor idea! Lo que si recuerdas de habérselo oído a tu madre es lo de cuarto y mitad, expresión muy de la mitad del siglo pasado que no debe seguir al uso, dada la cara de sorpresa que ha puesto el jovencísimo dependiente. No te hagas ilusiones, tampoco vas a recibir la aprobación de tu mujer que se ha vuelto sorprendentemente ahorradora. ¡Has comprado un jamón y un queso carísimo! Así también compro yo.

   Ya estás en la caja, y reconócelo, no hay mucha cola. Sólo que en el momento que parece que os va a tocar, se me ha olvidado la mantequilla, tu mujer invariablemente te va a dejar sólo ante el peligro. Ya te toca, así que empiezas a trasvasar los productos del carro a la cinta de la caja, tu mujer no aparece, y empiezas a intentar meter en bolsas los productos que la cajera a una velocidad de vértigo, va pasando por el escaner. Tu mujer sigue sin aparecer. En cuestión de segundos los productos pendientes de embolsar se te acumulan, tienes que sacar la tarjeta para pagar y realmente no sabes a que atender. Todo eso bajo la mirada apremiante de una señora mal encarada que es el cliente siguiente.

   Cuando estás a punto de perder los nervios, sólo en ese momento, tu mujer vuelve con la mantequilla. Ni que hubiera ido a Soria a buscarla, pero mi consejo, pensando en la estabilidad del matrimonio, es que no te permitas ese chascarrillo de evidente mal gusto. Y que en aras de esa misma estabilidad, encajes con la mejor de tus sonrisas el reproche de que el marido de fulanita sí que la ayuda, y que el de zutanita va al super día sí, día también.

   Lo que si te pido es que nunca caigas en el tremendo error de utilizar la caja amiga, o la caja fácil, o cómo diablos se llame. Hagas lo que hagas, te pongas como te pongas, mires para donde mires siempre, óyeme bien siempre, habrá un producto fuera de la zona de embolsado que te bloqueará cualquier posibilidad de avance. No te dejes seducir por tan seductor nombre, En un supermercado, no lo olvides nunca, la caja amiga es tu mayor enemigo.