Cosas aparentemente fáciles

   Hace ya bastante calor, así que has pensado tomarte una cerveza al tiempo que rebuscas en un armario de la cocina algo con que acompañarla. Has encontrado una lata de aceitunas rellenas, ¡perfecto! pero la lata tiene un mecanismo de apertura basado en una anilla. La condenada anilla está tan pegada a la lata que no hay quien la separe para poder tirar de ella. Después de pelear un buen rato lo consigues, pero el tirón ha sido totalmente descontrolado y te has quedado con la anilla enroscada en el dedo separada de la lata sin haber cumplido su función de apertura. Y de paso te has hecho un pequeño corte en el dedo. Buscas un abrelatas de los de toda la vida, de los de toda la vida tuya claro, pero como ahora ya las latas no se abren así, y hace mucho que no se emplea, vaya usted a saber dónde estará. Para mí, aunque literalmente no sea cierto, para mi insisto, que hoy te tomas la cerveza a palo seco.

   Te han citado a comer en ese viejo hotel recién restaurado porque ha quedado precioso, con un jardín de lo más acogedor y un menú como se dice ahora con una buena relación calidad precio. O sea que vas a comer de lo más normal, y un poco más caro de lo que tú pensabas. Antes de entrar al comedor quieres lavarte las manos, de manera que buscas los cuartos de baño. De entrada te ha costado su tiempo decidir a la vista de los dos dibujos cual es el que corresponde a tu sexo porque no terminas de pillar la idea de un inspirado y moderno dibujante. Ya dentro, intranquilo porque no estás demasiado seguro de la decisión que has tomado, buscas algo que te reafirme en que ha sido la correcta. Pero no es fácil, hay una tenue luz como azulada, mucho mármol blanco y suena una música de lo más marchosa. ¿A ver si donde te has metido es en la discoteca del hotel? No, parece que no vas mal, te has tropezado con algo que pudiera ser un lavabo, eso sí, de un diseño de lo más audaz. ¡Vaya con el arquitecto de interiores! El diseño del grifo es todavía más audaz, y por más que manipulas aquí y allá no consigues que el grifo cumpla su función, es decir que salga el agua. Ha entrado otra persona en el baño, de tu mismo sexo menos mal, pero no has podido ver como conseguía abrir el grifo. Te da corte que el desconocido sepa que no sabes abrir el condenado grifo, así que aparentando la mayor naturalidad te secas las manos, ¡qué maldita la falta que te hacía! y sales del baño en busca del comedor.

   Buenos días le atiende Vanesa, ¿en qué puedo ayudarle? Antes de eso y después de tenerte un rato oyendo una música ramplona, te han anunciado que por motivos de seguridad la llamada puede ser grabada, lo que te ha producido una cierta congoja con eso de que ahora se ha puesto de moda espiar al lucero del alba. Tú simplemente quieres que te quiten el contestador automático de tu teléfono. Vanesa, después de hacerte tres o cuatro preguntas para comprobar que tú eres tú, resulta que no puede ayudarte. Para temas del contestador tienes que llamar al 2027. Otra vez la música ramplona, otra vez que la llamada puede ser grabada, buenos días le atiende Verónica, ¿en qué puedo ayudarle? y otra vez las preguntitas. Un momento no se retire que le paso con bajas. Las bajas deben ser también sordas porque tardan más de cinco minutos en atender tu llamada. ¡Hay un problema! El titular de tu teléfono es tu negocio, y claro tú no eres tu negocio, de manera que no puedes darte de baja en el servicio contestador. No se retire, le paso con la interventora. Después de tenerte esperando más de tres minutos la interventora te comunica que tienes que pedirlo por escrito con la firma del director general de tu negocio, del apoderado de tu negocio y del sumsur corda de tu negocio. Unos días después de presentado el escrito una llamada telefónica te confirma que ¡por fin! tu contestador ha sido dado de baja, por favor no se retire que vamos a realizarle unas preguntas sobre la calidad del servicio ofrecido. Contestas de mala gana y cuelgas. ¡Ya está, se acabó! Eso es lo que tú te crees. cinco minutos más tarde suena el teléfono ¡Cielos el 2027! Oigas lo que oigas, ni te molestes, es un disco. En atención a su amabilidad en responder a nuestras preguntas le informamos que le ha sido instalado sin coste alguno nuestro servicio de contestador.

 

La verdader historia del marqués de Perales (8)

El entorno urbano del marqués de Perales

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (7))

 

   Lo primero que conviene dejar claro para evitar posibles confusiones, es que en el callejero del Madrid del Marqués de Perales hay dos calles con el nombre de la Magdalena. La primera de ellas en el barrio de San Plácido del quartel de Maravillas, va desde la calle de la Luna a la del Pez, ajena por completo a esta historia. La segunda, donde está el palacio del marqués de Perales, en el barrio del Ave María del quartel de Lavapiés, encontrándose con la de Atocha en la plazuela de Antón Martín. Normalmente se las nombra de igual manera, haciendo posible su identificación relaccionandola con calles próximas o con alguna característica propia de la calle que se habla. Sólo en ocasiones, la que a nosotros nos interesa, la Magdalena del marqués de Perales, se nombra como Magdalena baxa. De aquí en adelante, las ubicaciones que han sido susceptibles de definirse con precisión, pueden consultarse en el plano adjunto.

   La casa del marqués es la número 7 de la manzana 9, y se compone de seis sitios, cuatro de ellos dando a la calle de la Magdalena, y los dos restantes a la calle de la Cabeza, paralela a la dela Magdalena yendo hacia la plazuela de Lavapiés. Precisamente ahí, en la calle de la Cabeza trasera del palacio. están las cocheras y cuadras del marqués. Frente a la cárcel de la Corona o Eclesiástica, situada en el número 16 de la manzana 40.

   Inmediata a la casa del Señor Marqués de Perales hay una tienda de cordobán y seda donde se vende al por mayor un surtido de colas fuertes de superior calidad construido por un maestro alemán. El cordobán es piel curtida de cabra o macho cabrío, y toma ese nombre por la ciudad de Córdoba, famosa en la preparación de esas pieles.

   En la plazuela de Antón Martín esquina a la calle de la Magdalena y justo enfrente del San Antonio de piedra hay una botica. Y en esa misma calle frente a la de las Urosas, trabaja un zapatero de viejo, inmediato a una barbería. La calle de las Urosas, está pero no se nombra en el plano por no pertenecer al barrio del Ave María, va hacia la calle de Atocha desde los números 5 y 6 dela manzana 9 de la calle de la Magdalena. Hay también en esas casas una pastelería.

   En la misma calle de la Magdalena esquina a la del Olivar, en el nº 1manzana nº 8, está la casa del Mirador. Al quarto principal de dicha casa del Mirador se trasladó María Sosa y Xaramillo, que con aprobación de las Señoras de la Sociedad, y tributo del Real y Supremo Consejo de Castilla se emplea en la educación de señoritas y niñas decentes admitiendo pupilas y medias pupilas.

   En la calle de Atocha, manzana 155 nº 4 se halla el convento de la Magdalena, de religiosas agustinas, dando su parte trasera a la calle del mismo nombre. En esa calle, enfrente de la puerta de carros del convento, es decir en la manzana 8, tiene su taller un maestro de coches. Las casa nº 17 y nº 18 de la manzana pertenecen al convento y se conocen como casas de las monjas.

   El marqués, además de una casa de recreo extramuros de esta Corte por la puerta de Atocha sita donde llaman El Salitre y medianera con la casa de Vacas, es dueño de al menos dos casas más por la zona de su palacio. Una en la calle del Calvario manzana 40 número 7, y otra en la calle del Amor de Dios baja, próxima al barranco de Lavapies y fuera de plano. Calles por las que el marqués se mueve con soltura.

   A finales del mes de mayo de 1801 se representa en el coliseo de la calle del Príncipe la tragedia intitulada El duque de Viseo de Manuel Quintano, y en el café de San Luis dos abates discuten acaloradamente. El uno ensalzador de todos los literatos, el otro preciado de crítico, acalorándose de tal modo que la pelea hace acudir a los mozos del café. El café de San Luis está en los bajos de la fonda del mismo nombre en la calle de la Montera pegado a la iglesia parroquial. Encontrándose csualmente el marqués de Perales en la calle conversando con dos amigos, siendo dueño de la casa, y viendo a los mozos sujentando a los discutidores deduce que se trata de dos perillanes que no quieren pagar.

   Entran en el café presurosos el marqués y la compañía, y al reconocer a los ardorosos contendientes mediaron para poner la paz y enviar a los discutidores a sus respectivos albergues. El episodio lo cuenta José Moz de Fuentes en su Bosquejillo de la vida, impreso en Barcelona en 1836. A buen seguro, que el marqués afcionado al teatro, se haría oir en la disputa.

   El marqués de Perales, en funciones de regidor se mueve en los entornos de los coliseos del Príncipe, de la Cruz , y de los Caños del Peral, como son el establecimiento en este útimo de una escueal de baile, o intervenir como testigo en la súplca del botillero del coliseo de la Cruz, para poder llevar a cabo reparaciones en el café del citado teatro. Pueden verse con detalle estos y otros episodios en el magnífico trabajo de Julián Puerto Rodríguez, Aproximación comentada a La Manola del Portillo, o las aventuras y desventuras del marqués de Perales, editada por la Casa Regional de Extremadura n Getafe.

   Aficionado a los toros, también se mueve el marqués por los ambientes próximos a la plaza de toros extramuros de la Puerta de Alcalá. Con motivo de una Real orden en la que se pide que Napoleón sea tratado acorde con su alta dignidad y amistad con el Rey, el Ayuntamiento de Madrid nombra como comisario de toros al marqués y a Juan Castano comprándose noventa toros, que quedaron en los pastos de la Muñoza, pertenecientes al convento de la Encarnación. (Fiestas de Toros, . . . y Derecho. Ensayo del Dr. Dionisio Fernández de Gatta Sánchez, Porfesor Titular de Derecho Administartivo de la Facultad de Derecho de la Universdad de Salamanca)

planomagdalena

 Plano de la Villa y Corte de Madrid

Fausto Martínez de la Torre y Josef Asensio

Madrid : 1800 En la Imprenta de Joseph Doblado

Los farmacéuticos de la farmacia Gayoso

   Cuando se maneja información de la farmacia Gayoso de Madrid es normal encontrarse con una expresión parecida a ésta. «Desde su apertura en 1855 con el nombre de Farmacia Gayoso en el número 2 de la calle del Arenal . . . ». Voy a corregir aquí un reiterado error que se comete al nombrar así a la farmacia. Yo no puedo asegurar con precisión en que año de mediados del siglo XIX se abre una farmacia al principio de la calle del Arenal; pero lo que sí puedo asegurar es que, se abra el año que se abra, nunca con el nombre de Farmacia Gayoso. Tardará, como tendremos ocasión de comprobar, bastante años en llamarse así, y en sus inicios su verdadero nombre es el de Farmacia Moreno Miguel. (Una explicación breve sobre el devenir de los nombres de la farmacia puede verse en el post La Farmacia Gayoso de Madrid de este mismo blog.

   Por lo que respecta al año de su apertura, la primera referencia que he podido encontrar, publicitaria como casi todas, es en La Soberanía Nacional de fecha 7 de abril de 1866, en donde se anuncia Tintura de árnica preparada según la fórmula que usan los religiosos del Gran San Bernardo en los Alpes, y que se prepara en el laboratorio químico y botica de D. Vicente Moreno Miguel, calle del Arenal número 6, de Madrid. Este año podría seguramente afinarse consultando los Libros de Matrículas de Vecinos de la Parroquia de San Ginés.

   Dos años más tarde y en el Diario Oficial de Avisos de Madrid, se anuncia este mismo producto en su venta al por mayor y menor en frascos de cuatro tamaños, a los precios de 4, 8, 16, y 24 reales. La ubicación de la farmacia sigue siendo en la calle del Arenal 6 antiguo y 2 moderno. Es decir se ha producido una nueva numeración de las casas de la calle.

   Durante la década de los setenta y gran parte de los ochenta hay continuas referencias en prensa a la Farmacia Moreno Miguel del número 2 de la calle Arenal, siendo la última que he podido encontrar, la que aparece en El Liberal de fecha 23 de enero de 1887. Totalmente compatible con la fecha que muere Vicente Moreno Miguel, últimos días de junio de 1890.

   Como veremos al escribir sobre cada uno de los farmacéuticos, Vicente Moreno Miguel de su primer matrimonio con Francisca Verdejo no tiene hijos, y al producirse su fallecimiento, el que tiene de su segundo matrimonio con Elisa Morato es un niño que no puede hacerse cargo de la farmacia, por lo que en el momento de testar, le deja a éste los derechos de las múltiples fórmulas que tiene registradas, y que nada tienen que ver con el legado de la botica.

   En ese mismo testamento, Miguel Moreno Vicente lega por mitad la oficina de farmacia a sus sobrinos Francisco Gayoso, hijo de María Ana Verdejo hermana de su primera mujer, y a Pascual Moreno, hijo de un hermano. La razón es clara, los dos sobrinos, influenciados probablemente por el prestigio de su tío, son licenciados en Farmacia.

   Hay un tercer sobrino igualmente licenciado en Farmacia. Se trata de Ramiro Estévez, hijo de Juana Verdejo, otra de las hermanas de su primera mujer. Ramiro incluso trabajó en la farmacia de su tío a finales de los setenta, pero debió producirse algún tipo de desavenencia, acrecentada cuando Ramiro Estévez desde Badajoz intentó registrar a su nombre una marca para distinguir los productos farmacéuticos y químicos de su fabricación. Marca que ya tenía registrada su tío Vicente Moreno, que hizo valer sus derechos y a quien la justicia dio la razón. Es claro pues que Ramiro Estévez quedaba fuera de cualquier beneficio testamentario.

   Seguramente los licenciados Francisco Gayoso y Pascual Moreno gestionaron un tiempo conjuntamente la farmacia, pero antes o después, y al no haber relación directa familiar entre ellos, debieron llegar a un acuerdo quedando la farmacia en propiedad única de Francisco Gayoso. Y es, desde ese momento, y solo entonces, cuando la oficina de farmacia sita en la calle del Arenal número 2, puede y debe llamarse farmacia Gayoso.

   La primera referencia que me ha sido posible encontrar como tal es en El Liberal de fecha 10 de noviembre de 1895, y tres años más tarde en un ejemplar de El Imparcial, la farmacia Gayoso anuncia El Estómago Artificial o los polvos del Dr. Kuntz, autoproclamándose sucesor de Moreno Miguel. ¡Por si quedaba alguna duda!

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Detalles de la fachada de la farmacia Gayoso que da a la calle de Tetuán, Madrid

Vicente Moreno Miguel

Nace en Torrente (Valencia) aproximadamente en el año 1822, hijo de Manuel Moreno y Vicenta Miguel. Estudia Filosofía en Valencia, y pasa seguidamente a Madrid donde estudia Farmacia. Obtiene en el Hospital General de dicha ciudad la plaza de ayudante de farmacia, concluyendo su carrera.

El 29 de julio de 1849 se casa en la parroquia de San Luis de la calle de la Montera de Madrid con Francisca Verdejo Sánchez, hija de Francisco Verdejo Páez, catedrático de Geografía del Instituto del Noviciado, y nieta de Francisco Verdejo González, catedrático de Matemáticas de los Estudios Reales de San Isidro. De este matrimonio Vicente Moreno Miguel no tiene hijos. Dato fundamental en el devenir de la farmacia.

Es autor y propietario de numerosos productos farmacéuticos, como por ejemplo las cápsulas Ferri, que como veíamos testa que pasen a poder de su hijo Vicente Moreno Morato, o en su defecto a su segunda mujer Felisa Morato.

Al menos en 1866 ya es propietario de la farmacia ubicada en la calle del Arenal de Madrid. Se queda viudo el 27 de diciembre de 1880, y se casa en segundas nupcias con Felisa Morato, de cuya unión esta vez sí, tiene un hijo, Vicente Moreno Morato. Vicente Moreno Miguel muere a finales de junio de 1890.

Ramiro Estévez Verdejo

Nace en San Vicente de Alcántara (Badajoz) a mediados del mes de octubre de 1851, hijo del capitán de Infantería retirado Joaquín Estévez y de Juana Verdejo Sánchez. Juana es otra hermana de Francisca, la primera mujer de Vicente Moreno Miguel.

Ramiro obtiene en 1870 el Bachillerato en Artes en el Instituto del Noviciado y cursa posteriormente en la Universidad Central la licenciatura en Farmacia. En esos años la Universidad Central al matricularte en una asignatura exige al alumno un fiador y Ramiro Estévez lo tiene en su tío Vicente Moreno del que consta que vive en la calle del Arenal número 2 cuarto Botica.

Esto prueba que la relación entre tío y sobrino en principio fue buena, de manera que al terminar sus estudios Ramiro Estévez trabajó en la farmacia de la calle Arenal. Nos lo confirma el propio Vicente Moreno cuando presenta la reclamación al registro de marca que citábamos antes. « . . . el reclamante, que pretendía usurparle su propiedad, era un sobrino suyo, que por haber estado al frente de la Farmacia que el exponente tiene en esta Corte conoce las utilidades relativamente considerables que deja la venta de aquel medicamento».

La disputa por la marca tiene lugar en 1883, es decir que a esa fecha Ramiro Estévez ya no está en Madrid, posiblemente en San Vicente de Alcántara ejerciendo su profesión de farmacéutico. En 1907 escribe una monografía sobre la citada villa, en la que la biblioteca pública hoy lleva su nombre.

Pascual Moreno Besós

Nace en Torrente (Valencia) en 1865, obteniendo el grado de bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid el año 1882. Se licencia en Farmacia en la Universidad Central, Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, aprobando primero y segundo ejercicio los días 22 y 26 de junio de 1889.

Un año más tarde, al producirse el fallecimiento de su tío Vicente Moreno Miguel hereda por mitad la farmacia del número 2 de la calle del Arenal. Permaneció algún tiempo como copropietario y debió llegar a un acuerdo para vender la mitad que le correspondía.

Francisco Gayoso Verdejo

Nace en Cedillo del Condado (Toledo) en 1858, y es hijo Fernando Gayoso y de María Ana Verdejo. El lugar de su nacimiento viene determinado por la profesión de su padre, médico, y obtiene el grado de bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros en 1873.

Del testamento de su abuelo materno, Francisco Verdejo Páez, al igual que el resto de sus primos varones, recibe un legado le 2.000 duros para ayuda de sus estudios. Cursa en la Universidad Central estudios de farmacia, pero en 1878 le toca de soldado, sorteado y alistado por el distrito de Centro, y eso probablemente influye en sus estudios.

Obtiene la licenciatura en farmacia en 1881, y en 1890 al producirse el fallecimiento de su tío, Vicente Moreno Miguel, hereda por mitad la farmacia del número 2 de la calle del Arenal. Y después de algún tiempo llega a un acuerdo y queda como único propietario.

Francisco Gayoso Verdejo se casa con una prima suya, Antonia Fernández Gayoso, nacida en Palazuelo de Örbigo (León), y de este matrimonio tiene dos hijos, Clotilde y Fernando. Francisco muere el 17 de junio de 1926.

Fernando Gayoso Fernández

Nace en 1883, casa en primeras nupcias con Elisa Franco, de cuyo matrimonio tiene una hija, María Gayoso Franco. Se casa en segundas nupcias con su prima Francisca Rodríguez Gayoso. Fernando, farmacéutico, muere en Palazuelo de Órbigo (León) el 3 de septiembre de 1943.

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Vicente Moreno Miguel fundador de la farmacia

Archivo fotográfico Rafael Roldán

Biblioteca virtual de la Real Academia Nacional de Farmacia

La verdadera historia del marqués de Perales (7)

La historia del marqués de Perales en la literatura

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (6))

   La figura del marqués de Perales ha sido fuente de inspiración para numerosos autores, pero yo me quedo con Benito Pérez Galdós, que en sus Episodios Nacionales, y más concretamente en los titulados La corte de Carlos IV y Napoleón en Chamartín, le hace intervenir con profusión. Galdós viene a Madrid en 1862 con 19 años, y empieza publicar sus novelas hacia 1870, es decir 58 años más tarde de la trágica muerte del marqués. Importante considerar estas cifras, para aceptar que parte de la información que maneja le puede llegar por trasmisión oral directa.

   Pérez Galdós esconde el personaje «a quien llamo don Juan de Mañara, no porque éste fuera su nombre, sino porque me cuadra designarle así, para no andar trayendo y llevando los títulos de respetables casas, por los altibajos de esta puntual historia». Pero el Juan de Mañara de Galdós, es marqués, regidor de Madrid, y es asesinado en su palacio de la calle de la Magdalena con Napoleón a las puertas de Madrid. No cabe pues la menor duda de quién se trata, y nombrarle así, es toda una declaración de intenciones.

   Le hace guardia real, puede que lo fuera pero yo no he conseguido probarlo documentalmente, entendido en heráldica, equitación y en las artes del toreo, y galanteador por igual en los estrados y en los bailes de candil. En sus correrías nocturnas vestía como un manolo de Lavapiés, o un chispero de Maravillas. En lo político Galdós le sitúa en el partido fernandino partidario de la caída de Godoy y del destronamiento de los reyes padres.

   El ambiente de la majeza en el que gusta moverse el señor de Mañara lo conforman los salones de Polonia la Aguardentera, o de Rosa la Naranjera bodeguera de la calle de las Maldonadas en cuya casa se jugaba a los naipes y donde no se consentían trampas. Otras célebres majas, como la Pelumbres con sus salones en la calle Torrecilla del Leal, tienda de hierro viejo, y con la mejor mano para tocar las castañuelas. Ambientes en el que también se mueven marquesas y duquesas, que Benito Pérez Galdós también enmascara. Precisamente una duquesa y María Sánchez, hermana de la Pelumbres, sustituyen a la Zaina en las preferencias del marqués, dando lugar a los celos de ésta.

   Pérez Galdós que describe a la perfección los barrios bajos, comete un error «y que casi nunca dejaban de visitar a una altísima dama, la cual lo era sin duda por vivir en un tercer piso de la calle de la Pasión, y tenía por nombre la Zaina». En 1808 la calle de la Pasión no existe en el callejero madrileño. Donde vive la Zaina es en la calle de San Pedro, una de las varias con ese nombre existentes en la Villa, concretamente la que va de la Ribera de Curtidores a la calle de Embajadores. Calle que en efecto tomará el nombre de la Pasión a mediados de siglo, y que hoy es la de Fray Ceferino González.

   La Zaina, de nombre Isabel Rejoncillos es una maja que tiene un cajón en el mercado, y que por despecho, aparecerá como principal causante del apuñalamiento del marqués, al hacer correr el rumor de que es un traidor vendido a los franceses con los que ha pactado la entrega de la Puerta de Toledo, y responsable de haber rellenado con arena los cartuchos entregados al pueblo que se apresta a defender su ciudad del invasor francés.

   «Corrimos por la calle de Jesús y María, y al llegar a la de la Magdalena, la vimos completamente llena de gente; todo el vecindario estaba en los balcones, y un clamor inmenso llenaba la longitud de la calle». La tragedia es inevitable, la palabrería de la maja, verdadera o falsa, ha incendiado a la majeza, y lo mejor de cada casa de las calles del Olivar, de la ancha de Lavapiés, del Ave María, va a tomarse la justicia por su mano. «. . . terribles hachazos hicieron temblar las labradas maderas de la puerta señorial . . . Hicieron, pues, pedazos la puerta, y el pueblo entró desbordándose e invadiendo el palacio . . . No debía, pues, hacerse esperar mucho la satisfacción de la popular furia, y bien pronto nos quedamos helados de terror, oyendo decir: ”Le han matado, ya le han matado”».

   Instantes más tarde el cadáver de Juan de Mañara colocado en un estero y con una cuerda al cuello, es arrastrado entre insultos por las calles del barrio, y con una tremenda violencia que harán desaparecer su figura humana.

   Pérez Galdós que da por real la traición llevada a cabo con la cartuchería, sin atreverse a afirmarlo con rotundidad, no atribuye a su personaje la autoría de la traición. «Mañara pecaba de libertino, de ligero, de vano, y más que nada de enamorado. Jamás se distinguió en otras maldades que en las del amor, por cierto bien perdonables. Le conocí alevoso y traidor en cuestiones de faldas; pero no supe nunca que en asuntos graves faltara a las leyes del honor. Con esos antecedentes casi puede asegurarse que no fue Mañara autor de la superchería de los cartuchos».

   Pero si no fue Mañara ¿quién fue el responsable de la manipulación? Benito Pérez Galdós ni echando mano de todas las fuentes puede hacer correr el agua clara de la verdad. «Esto sí que ni la historia, ni la tradición, ni los viejos, ni yo podemos decíroslo».

Un momento mágico

A Marga

   Mañanita de otoño en Madrid, mañanita de domingo soleada y luminosa en Madrid. Un hombre de pelo blanco pasea por el parque del Retiro. No está solo, el hombre de pelo blanco va ya para cincuenta años que nunca está solo. Está orgulloso de su pelo, sabe que le da un relativo atractivo, a buenas horas mangas verdes, y presume ¡una cana! ¡un Jironazo de la vida! No se lo echo en cuenta porque yo sé que él sabe que eso de las canas es cosa mayormente de la genética.

   Por el paseo de coches ve con los ojos del recuerdo en una pequeña explanada próxima a Florida Park como baila una pareja con la música que llega desde el interior de la sala de fiestas. Él es un soldadito español, soldadito valiente, nacido en Honrubia de la Cuesta, provincia de Segovia, que está haciendo la mili en Capitanía. Ella, natural del mismo pueblo, ha venido a servir a Madrid y después de recoger la cocina sale un jueves si, un jueves no. La orquesta Los Sincopator ataca el vals Fascinación que los segovianos bailan ceremoniosamente brazo en alto, paso a un lado paso al otro.

   Llegando a la curva de la Rosaleda, el hombre de pelo blanco ahora no solo ve, también oye el potente rugido de los motores de las Norton, Guzzi, Gilera, que vienen a toda velocidad desde el Ángel Caído disputando el Gran Premio Motorista de Madrid, uno más de los múltiples acontecimientos con que la ciudad por aquel entonces festeja y honra a su patrón Isidro. Gran premio que invariablemente gana un gibraltareño que responde al nombre de John Grace.

   Ya en el bullicio dominguero que se organiza en torno al estanque, el hombre del pelo blanco no ve los varios guiñoles que hacen soñar a los niños, no ve a las echadoras de cartas, no ve ni siquiera a los muñecos de Walt Disney que venden preciosos globos de mil colores. El hombre de pelo blanco, acodado en la barandilla del estanque, lo que ve es una barca en la que dos críos juguetean con el agua, dos críos amigos y compañeros de pupitre, que como los jueves por la tarde no hay colegio, se han ido a remar al Retiro.

   Saliendo hacia la Puerta de Alcalá, un poco antes de hacerlo, el hombre del pelo blanco ¡qué cosa más curiosa! se está viendo asimismo dirigirse hacia un chiringuito, y más en concreto hacia una de las mesas, donde un grupo de mamás en animado parloteo cuidan del juego de sus hijos con palas y cubos, o dan un biberón al último en venir a este mundo. Es lo que tiene si tienes niños, vivir cerca del Retiro.

   Ya fuera del parque, el hombre del pelo blanco ve de espaldas una estatua humana, uno de los tantos mimos que proliferan en las calles de Madrid. Va vestida de dama antigua muy elegante con su sombrilla plegada, y está como lo pide el papel que interpreta, completamente inmóvil. Al pasar a su lado el hombre de pelo blanco echa, casi sin atreverse a mirarla, unas monedas en el cesto, pero unos metros más adelante siente la imperiosa necesidad de volverse hacia la estatua. Va a hacer una cosa que surge del modo más natural, pero que no podría esperarse de él, dada su timidez. Ha besado la punta de los dedos de su mano diestra, y extendiéndola hacia la estatua ha soplado su palma. Un segundo después la estatua revolotea en el aire su mano con la misma armonía con que vuela una golondrina, atrapa el beso y lo pone delicadamente en su mejilla. Otro segundo después la vida sigue.

   Tengo que reconocer, le digo al hombre del pelo blanco, que es en efecto un momento mágico. Pero me mira como si no terminara de entenderme, como si estuviéramos hablando de cosas diferentes. Yo me desconcierto un poco, porque aunque el hombre de pelo blanco es quizás un poco difícil, me vanaglorio de conocerle bien. E insisto, que sí, que lo de la dama antigua y el beso, me parece realmente un momento mágico. No, no me has comprendido, me da la réplica, el momento mágico es desde que no estoy solo. Un momento mágico de solo cincuenta años.

 

La verdadera historia del marqués de Perales (6)

La familia del marqués de Perales

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (5))

   Su abuela paterna, Antonia Velasco de Moreda primera marquesa de Perales, madrileña nacida el 29 de enero de 1694. Título concedido por Felipe V, en San Ildefonso el día 24 de septiembre de 1727.

   Su padre, Ventura Antonio Fernández de Pinedo y Velasco, segundo marqués de Perales, de quien José hereda el título, murió el 8 de julio de 1802. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 38 de Difuntos, folio 449) Había testado seis años antes ante el escribano del número de la Villa de Madrid, Miguel Tomás París. (AHP Protocolo 19.511 folios 28 – 37) Nombra como sus legítimos y únicos herederos a sus hijos María de la Concepción, María de la Soledad, y José, y se ocupa del futuro de las personas que le habían servido durante años. Es en ese mismo testamento donde realiza una curiosa reivindicación del apellido Fernández, remontándose a su quinto abuelo que usaba el Fernández de Pinedo, pero que su hijo y descendientes no usaron limitándose al Pinedo. «He tenido y tengo por conbeniente usar de los mismos apellidos Fernández de Pinedo según como queda dicho usó el citado mi quinto abuelo de los quales quiero que usen mis hijos y descendientes».

   Su madre, Micaela González de Quijano murió en doce de agosto de 1791. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 37 de Difuntos, folio 44) Se la enterró de secreto con licencia del Vicario en la iglesia del convento de San Francisco de esta Corte, y dieron de fábrica diez ducados.

   Sus hermanas, María de la Concepción y María de la Soledad son importantes de cara al marquesado dado que José no tuvo descendientes de su matrimonio con Josefa Gutiérrez de los Ríos. María de la Concepción, doce años mayor que José fue su madrina y casó con Miguel Fernández Duran. Fue una mujer muy culta y tradujo del francés La muerte de los justos y Tratado de educación de la nobleza. Murió con 47 años el 7 de enero de 1802. Su hijo, Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo a la violenta muerte de su tío José, heredó el marquesado. Si su abuelo materno Ventura reivindicaba el Fernández, Antonio lo lleva por partida doble. Casa en segundas nupcias con su prima hermana María del Pilar Pando y Fernández de Pinedo, que es hija de María de la Soledad.

   La mujer del marqués de Perales, Josefa Gutiérrez de los Ríos, había nacido en Córdoba, ciudad en la que, una vez obtenido el Real permiso, se casan el 18 de junio de 1788. Josefa Gutiérrez de los Ríos fue también una mujer culta, Teodomiro Ramírez de Arellano da a la imprenta en 1873 su obra Paseos por Córdoba en la que escribe que a principios de siglo, la marquesa de Perales que habitaba en la casa del Bailío de noche recibía a sus numeroso amigos aficionados todos a la música, a la literatura y a la declamación, celebrándose animados conciertos, representándose obras dramáticas y operas completas. No específica que años son pero a principios de siglo y por su vinculación con Córdoba, no hay duda que esa marquesa de Perales es Josefa Gutiérrez de los Ríos. También Joaquín Álvarez Barrientos en Espacios de la comunicación literaria cita que Nicasio Gallego era asiduo a la tertulia de la marquesa de Perales, que por fechas debe ser la misma Josefa. Ya como marquesa viuda de Perales es posible que se trasladase a la calle de Valverde, a una casa que no he conseguido localizar.

   Su sobrino, Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo, del que ya he mencionado que hereda el título, y es en consecuencia el cuarto marqués de Perales. El 23 de mayo de 1810 el Diario de Madrid inserta en sus páginas un extracto de las minutas de la Secretaría de Estado en las que José I, Rey de las Españas y de las Indias, nombra comandantes, ayudantes y abanderados de los batallones de milicia cívica. Para el batallón del quartel del Avapies, el comandante es el marqués de Perales que vive en la calle de la Magadalena. En la Gaceta de Madrid de fecha 1 de noviembre de 1810 aparece el nombramiento de caballero de la Real Orden de España el marqués de Perales, comandante de batallón de la guardia cívica de Madrid. De su matrimonio con su prima hermana María del Pilar, del que también he hablado, tuvo tres hijos, Manuel, Carlos y María de la Concepción Fernández Durán y Pando, siendo Carlos quien heredará el marquesado. Antonio Fernández Durán y Fernández de Pinedo murió en 21 de julio de 1831, y según aparece en su partida de defunción a causa de accidente. Accidente del que no he conseguido noticia alguna. (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro 43 de Difuntos, folio 126 vto)

La verdadera historia del marqués de Perales (5)

La historia del marqués de Perales y la música

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (4))

   La manola del Portillo es una zarzuela en tres actos en prosa y en verso de Emilio Carrere y Francisco G. Pacheco, con música del maestro Pablo Luna. La acción transcurre en el Madrid del 1808, y su protagonista masculino es el marqués de Navares, regidor de Madrid, un guardia de corps que enamora a marquesa y manola por igual, y que por igual desdeña, y al que los majos del Portillo de Embajadores, tildándole de afrancesado quieren acuchillar por la honra de una manola. Suena conocido ¿verdad?

   Pero el libreto se separa bastante de la realidad. El marqués de Perales no es soltero, no es tan joven como aparece en la zarzuela y ésta sitúa el apuñalamiento en la procesión del Carmen y no en el palacio de la calle Magdalena. Y a diferencia de la realidad, el final no es tan cruento porque Paloma, la manola del Portillo, en un arranque de generosidad salva la vida del marqués, interponiéndose entre él y la majeza.

   Juan Montes es un torero enamorado no correspondido de Paloma.

Paloma Aunque tú dices / que soy veleta, no cambio. / Sabes que tengo un martelo / que es el galán más bizarro, / más parlotero y garboso / que pisa los barrios bajos.

J. Montes ¡Echa tu rumbo Paloma! / Y . . . ¿es curtidor ese majo?

Paloma Mi novio es guardia de Corps / del señor Don Carlos Cuarto.

   Martelo es la unión y correspondencia cariñosa entre dos personas, y Paloma echa en cara a una vecina su edad.

Paloma ¡Anda, doña siglo y medio! / ¿Le ha dado a vuacé permiso / para hablar el sepulturero?

   Doña Belisa es la dueña de la duquesa, y Manuela, otra maja que ha sorprendido a su pretendiente hablando con ella.

Manuela ¿Le estás haciendo el amor / a la cuesta de la Vega?

   En Madrid es frecuente para referirse a una persona mayor o a una cosa antigua decir de ella que tiene más años que la Cuesta de la Vega. Cuesta que lleva desde Santa María la Real de la Almudena a la vega del río Manzanares. Y el torero Juan Montes opina que cada uno debe ocupar su sitio.

J. Montes Vayan los caballeros / a ruar con sus madamas / y dejen a los manolos / las majas de rompe y rasga.

   Ruar es aquí pasear la calle, cortejando y sirviendo, a las damas especialmente. Y al final Paloma impide el apuñalamiento.

Paloma Por lo que te quise / he sabido perdonarte. / Por las calles y las plazas / ya no dirán los romances: / Por la honra de una manola , / en la procesión del Carmen / mataron al marquesito . . . /No quiero que por vengarme / mañana diga la copla; / ¡Cómo lloraba su madre!

   La madre del marqués, Micaela González de Quijano, no hubiera podido llorar el apuñalamiento de su hijo. Había muerto en doce de octubre de 1791 (Parroquia de San Sebastián de Madrid. Libro de difuntos nº 37, folio 44)

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   Preciosa portada de tapa blanda del libreto. Es el nº 22 de LA FARSA / Publicación Semanal de Obras de Teatro / Director: Valentín de Pedro / Administración RYVADENEIRA S. A. Sección de Publicaciones / Paseo de San Vicente 20. – Madrid

   La obra se estrenó en Madrid, en el teatro Pavón, el día 21 de enero de 1928. El teatro Pavón está en la calle Embajadores, construido entre 1924 y 1925, es obra del arquitecto Teodoro Anasagasti.

   El libreto está digitalizado, si tienes curiosidad por echarlo un vistazo puedes hacerlo en

http://archivc.org/details/lamanoladelporti00/and

   Si te interesa tener el libreto, usando el buscador de iberlibro.com puedes acceder a una amplia lista de librerías en donde poder comprarlo, con un no menos amplio abanico de precios. desde 6 a 22 euros, dependiendo del estado de conservación-