Cosas aparentemente fáciles

   Hace ya bastante calor, así que has pensado tomarte una cerveza al tiempo que rebuscas en un armario de la cocina algo con que acompañarla. Has encontrado una lata de aceitunas rellenas, ¡perfecto! pero la lata tiene un mecanismo de apertura basado en una anilla. La condenada anilla está tan pegada a la lata que no hay quien la separe para poder tirar de ella. Después de pelear un buen rato lo consigues, pero el tirón ha sido totalmente descontrolado y te has quedado con la anilla enroscada en el dedo separada de la lata sin haber cumplido su función de apertura. Y de paso te has hecho un pequeño corte en el dedo. Buscas un abrelatas de los de toda la vida, de los de toda la vida tuya claro, pero como ahora ya las latas no se abren así, y hace mucho que no se emplea, vaya usted a saber dónde estará. Para mí, aunque literalmente no sea cierto, para mi insisto, que hoy te tomas la cerveza a palo seco.

   Te han citado a comer en ese viejo hotel recién restaurado porque ha quedado precioso, con un jardín de lo más acogedor y un menú como se dice ahora con una buena relación calidad precio. O sea que vas a comer de lo más normal, y un poco más caro de lo que tú pensabas. Antes de entrar al comedor quieres lavarte las manos, de manera que buscas los cuartos de baño. De entrada te ha costado su tiempo decidir a la vista de los dos dibujos cual es el que corresponde a tu sexo porque no terminas de pillar la idea de un inspirado y moderno dibujante. Ya dentro, intranquilo porque no estás demasiado seguro de la decisión que has tomado, buscas algo que te reafirme en que ha sido la correcta. Pero no es fácil, hay una tenue luz como azulada, mucho mármol blanco y suena una música de lo más marchosa. ¿A ver si donde te has metido es en la discoteca del hotel? No, parece que no vas mal, te has tropezado con algo que pudiera ser un lavabo, eso sí, de un diseño de lo más audaz. ¡Vaya con el arquitecto de interiores! El diseño del grifo es todavía más audaz, y por más que manipulas aquí y allá no consigues que el grifo cumpla su función, es decir que salga el agua. Ha entrado otra persona en el baño, de tu mismo sexo menos mal, pero no has podido ver como conseguía abrir el grifo. Te da corte que el desconocido sepa que no sabes abrir el condenado grifo, así que aparentando la mayor naturalidad te secas las manos, ¡qué maldita la falta que te hacía! y sales del baño en busca del comedor.

   Buenos días le atiende Vanesa, ¿en qué puedo ayudarle? Antes de eso y después de tenerte un rato oyendo una música ramplona, te han anunciado que por motivos de seguridad la llamada puede ser grabada, lo que te ha producido una cierta congoja con eso de que ahora se ha puesto de moda espiar al lucero del alba. Tú simplemente quieres que te quiten el contestador automático de tu teléfono. Vanesa, después de hacerte tres o cuatro preguntas para comprobar que tú eres tú, resulta que no puede ayudarte. Para temas del contestador tienes que llamar al 2027. Otra vez la música ramplona, otra vez que la llamada puede ser grabada, buenos días le atiende Verónica, ¿en qué puedo ayudarle? y otra vez las preguntitas. Un momento no se retire que le paso con bajas. Las bajas deben ser también sordas porque tardan más de cinco minutos en atender tu llamada. ¡Hay un problema! El titular de tu teléfono es tu negocio, y claro tú no eres tu negocio, de manera que no puedes darte de baja en el servicio contestador. No se retire, le paso con la interventora. Después de tenerte esperando más de tres minutos la interventora te comunica que tienes que pedirlo por escrito con la firma del director general de tu negocio, del apoderado de tu negocio y del sumsur corda de tu negocio. Unos días después de presentado el escrito una llamada telefónica te confirma que ¡por fin! tu contestador ha sido dado de baja, por favor no se retire que vamos a realizarle unas preguntas sobre la calidad del servicio ofrecido. Contestas de mala gana y cuelgas. ¡Ya está, se acabó! Eso es lo que tú te crees. cinco minutos más tarde suena el teléfono ¡Cielos el 2027! Oigas lo que oigas, ni te molestes, es un disco. En atención a su amabilidad en responder a nuestras preguntas le informamos que le ha sido instalado sin coste alguno nuestro servicio de contestador.

 

Anuncios

Un momento mágico

A Marga

   Mañanita de otoño en Madrid, mañanita de domingo soleada y luminosa en Madrid. Un hombre de pelo blanco pasea por el parque del Retiro. No está solo, el hombre de pelo blanco va ya para cincuenta años que nunca está solo. Está orgulloso de su pelo, sabe que le da un relativo atractivo, a buenas horas mangas verdes, y presume ¡una cana! ¡un Jironazo de la vida! No se lo echo en cuenta porque yo sé que él sabe que eso de las canas es cosa mayormente de la genética.

   Por el paseo de coches ve con los ojos del recuerdo en una pequeña explanada próxima a Florida Park como baila una pareja con la música que llega desde el interior de la sala de fiestas. Él es un soldadito español, soldadito valiente, nacido en Honrubia de la Cuesta, provincia de Segovia, que está haciendo la mili en Capitanía. Ella, natural del mismo pueblo, ha venido a servir a Madrid y después de recoger la cocina sale un jueves si, un jueves no. La orquesta Los Sincopator ataca el vals Fascinación que los segovianos bailan ceremoniosamente brazo en alto, paso a un lado paso al otro.

   Llegando a la curva de la Rosaleda, el hombre de pelo blanco ahora no solo ve, también oye el potente rugido de los motores de las Norton, Guzzi, Gilera, que vienen a toda velocidad desde el Ángel Caído disputando el Gran Premio Motorista de Madrid, uno más de los múltiples acontecimientos con que la ciudad por aquel entonces festeja y honra a su patrón Isidro. Gran premio que invariablemente gana un gibraltareño que responde al nombre de John Grace.

   Ya en el bullicio dominguero que se organiza en torno al estanque, el hombre del pelo blanco no ve los varios guiñoles que hacen soñar a los niños, no ve a las echadoras de cartas, no ve ni siquiera a los muñecos de Walt Disney que venden preciosos globos de mil colores. El hombre de pelo blanco, acodado en la barandilla del estanque, lo que ve es una barca en la que dos críos juguetean con el agua, dos críos amigos y compañeros de pupitre, que como los jueves por la tarde no hay colegio, se han ido a remar al Retiro.

   Saliendo hacia la Puerta de Alcalá, un poco antes de hacerlo, el hombre del pelo blanco ¡qué cosa más curiosa! se está viendo asimismo dirigirse hacia un chiringuito, y más en concreto hacia una de las mesas, donde un grupo de mamás en animado parloteo cuidan del juego de sus hijos con palas y cubos, o dan un biberón al último en venir a este mundo. Es lo que tiene si tienes niños, vivir cerca del Retiro.

   Ya fuera del parque, el hombre del pelo blanco ve de espaldas una estatua humana, uno de los tantos mimos que proliferan en las calles de Madrid. Va vestida de dama antigua muy elegante con su sombrilla plegada, y está como lo pide el papel que interpreta, completamente inmóvil. Al pasar a su lado el hombre de pelo blanco echa, casi sin atreverse a mirarla, unas monedas en el cesto, pero unos metros más adelante siente la imperiosa necesidad de volverse hacia la estatua. Va a hacer una cosa que surge del modo más natural, pero que no podría esperarse de él, dada su timidez. Ha besado la punta de los dedos de su mano diestra, y extendiéndola hacia la estatua ha soplado su palma. Un segundo después la estatua revolotea en el aire su mano con la misma armonía con que vuela una golondrina, atrapa el beso y lo pone delicadamente en su mejilla. Otro segundo después la vida sigue.

   Tengo que reconocer, le digo al hombre del pelo blanco, que es en efecto un momento mágico. Pero me mira como si no terminara de entenderme, como si estuviéramos hablando de cosas diferentes. Yo me desconcierto un poco, porque aunque el hombre de pelo blanco es quizás un poco difícil, me vanaglorio de conocerle bien. E insisto, que sí, que lo de la dama antigua y el beso, me parece realmente un momento mágico. No, no me has comprendido, me da la réplica, el momento mágico es desde que no estoy solo. Un momento mágico de solo cincuenta años.

 

Mañana sin falta tengo que hacer un supermercado

   Mañana sin falta tengo que hacer un supermercado. ¡Madre del amor hermoso! Si, has oído bien y me parece que has exagerado un punto la exclamación. No te quejes porque tienes una noche por delante para asumirlo, y para definir una estrategia de comportamiento que minimice riesgos. ¡En algo tendrás que ayudar digo yo!

   Piensa que es mucho peor si te ves cogido a traición, cuando paseando por unos grandes almacenes a los que sólo has ido a comprar un regalo para tu nieta que cumple años el viernes, y como la mayoría de las cajeras están desocupadas, voy a aprovechar que no hay nadie para comprar dos o tres cosas que me hacen falta. Será un momento piensas. Tremendo error que toma cuerpo cuando ves a tu mujer con un carro. ¿Si son dos o tres cosas para que narices necesita un carro? Cuanto antes lo asumas mejor, vais a terminar haciendo un supermercado como la copa de un pino. Cuando una hora larga después enfiláis hacia las cajas, esas que antes estaban vacías, ahora como por arte de magia y sólo para fastidiarte, están sorprendentemente abarrotadas de personas con unos no menos abarrotados carros.

   Vamos a lo de mañana. No pierdas el tiempo en seleccionar un carro porque elijas el que elijas, las ruedas delanteras estarán locas, el carro no irá nunca por donde tú quieras, el carro irá por donde quiera el carro. Ya te gustaría a ti ver al Fernando Alonso ese con el carro que te ha tocado en suerte, tomar la curva de los congelados sin estamparse contra el lineal de productos de limpieza.

   Bueno ya estás en la frutería, porque hay que comprar peras. Miras de reojo que nadie haya seguido tu largo y trabajoso proceso de enfundarte el condenado guante, te daría un corte tremendo. Te fijas en un tipo parecido a ti, que se mueve con una insultante soltura, y que de un tirón seco se ha hecho con absoluta limpieza, con una pequeña bolsa. Ese debe venir todos los días piensas. Tu seco tirón ni de lejos consigue los mismos efectos. Después de varios intentos en falso, no te llevas una bolsa, te llevas tres, así que tienes que deshacerte con el mayor disimulo posible de dos de ellas. Ahora viene el problema de abrirla y por más que juegas con pulgar e índice la bolsita no se abre. Cuando por fin lo consigues el tipo parecido a ti, el que debe ir todos los días, te lleva cinco bolsas de ventaja.

   Ya tienes unas cuantas peras en la bolsa así que la cierras y te encaminas triunfador a la báscula. Hay que desandar el camino, no te has fijado en el numerito que hay que teclear para que la báscula te dé la etiqueta con el precio de las condenadas peras. Lo malo es que de vuelta al lineal hay varios tipos de peras y como es lógico, con diferentes números. La cuestión es que tú no tienes ni idea de dónde has cogido las peras de tu bolsa, así que hay que pedir ayuda. Se trata de peras conferencia, y en ese momento te planteas dos cuestiones básicas. ¿Cómo unas peras se pueden llamar así? y ¿cómo has podido vivir tantos años sin saber de su existencia?

   Hacen falta botellas de agua. Esto es fácil y como el pack de seis realmente pesa, piensas que esto sí que es una ayuda para tu mujer. Te sientes útil, sensación que te va a durar hasta que el azar te lleve a encontrarte con ella a la vuelta de cualquier lineal. Esas botellas no sirven, son demasiado grandes, no caben en la nevera. ¿Por qué demonios hacen las botellas tan altas? o ¿por qué demonios hacen las neveras tan bajas? ¡Vaya usted a saber!

   La vida te va a dar otra oportunidad. Necesito yogures edulcorados, 0% de materia grasa, con fibra y cereales. No debes estar tan mayor cuando has conseguido memorizar eso hasta que encuentras el lineal de yogures. Lo que ocurre es que el dichoso lineal, en el que por cierto siempre hace un frío espantoso, es tremendamente complejo. El demostrar el teorema de Fermat comparado con controlar un lineal de yogures es un juego de niños de primaria. Después de un largo tiempo de afanosa búsqueda consigues encontrar un pack que parece cumplir todos los requisitos. El problema está en que el sabor es de frutas del bosque, y sabes perfectamente que odio las frutas del bosque. Mientras devuelves el pack al lineal te preguntas como se puede odiar a un yogur.

   Solo nos falta el jamón y el queso para sandwichs. ¡Aleluya! El final parece cerca. Coges los numeritos del turno, y es igual que te toque enseguida, que tengas que esperar un poco o que tu número tarde en aparecer muchísimo. Cuando eso ocurra tu mujer nunca estará contigo. ¿Qué queso le pongo? Si de acuerdo para sandwichs, pero cremoso, camembert, havarti, bajo en grasa, bajo en sal, light. Eliges uno al azar porque como escojas el que escojas, te vas a equivocar.

   En el tema del jamón lo tienes más claro, tú solo puedes tomar de bellota, pero aquí los problemas vienen con el ¿cuánto le pongo? ¡No tienes ni la menor idea! Lo que si recuerdas de habérselo oído a tu madre es lo de cuarto y mitad, expresión muy de la mitad del siglo pasado que no debe seguir al uso, dada la cara de sorpresa que ha puesto el jovencísimo dependiente. No te hagas ilusiones, tampoco vas a recibir la aprobación de tu mujer que se ha vuelto sorprendentemente ahorradora. ¡Has comprado un jamón y un queso carísimo! Así también compro yo.

   Ya estás en la caja, y reconócelo, no hay mucha cola. Sólo que en el momento que parece que os va a tocar, se me ha olvidado la mantequilla, tu mujer invariablemente te va a dejar sólo ante el peligro. Ya te toca, así que empiezas a trasvasar los productos del carro a la cinta de la caja, tu mujer no aparece, y empiezas a intentar meter en bolsas los productos que la cajera a una velocidad de vértigo, va pasando por el escaner. Tu mujer sigue sin aparecer. En cuestión de segundos los productos pendientes de embolsar se te acumulan, tienes que sacar la tarjeta para pagar y realmente no sabes a que atender. Todo eso bajo la mirada apremiante de una señora mal encarada que es el cliente siguiente.

   Cuando estás a punto de perder los nervios, sólo en ese momento, tu mujer vuelve con la mantequilla. Ni que hubiera ido a Soria a buscarla, pero mi consejo, pensando en la estabilidad del matrimonio, es que no te permitas ese chascarrillo de evidente mal gusto. Y que en aras de esa misma estabilidad, encajes con la mejor de tus sonrisas el reproche de que el marido de fulanita sí que la ayuda, y que el de zutanita va al super día sí, día también.

   Lo que si te pido es que nunca caigas en el tremendo error de utilizar la caja amiga, o la caja fácil, o cómo diablos se llame. Hagas lo que hagas, te pongas como te pongas, mires para donde mires siempre, óyeme bien siempre, habrá un producto fuera de la zona de embolsado que te bloqueará cualquier posibilidad de avance. No te dejes seducir por tan seductor nombre, En un supermercado, no lo olvides nunca, la caja amiga es tu mayor enemigo.

 

Un último trozo de Mañana es ayer

   Cada capítulo de Mañana es ayer incluye una pequeña historia retrospectiva relacionada con su contenido. La que aquí aparece es la contenida en Tarde de domingo, tarde de fútbol.

   Hace bastante frío esta mañana de domingo del mes de enero de 1919. Doña Asunción, elegantísima con su sombrero cloche, se hace cruces del número de personas que apresuradamente se mueven hacia el paseo del General Martínez Campos. Ha oído misa de una en el altar de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en la parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel, y vuelve ahora de la confitería Viena Sol en la calle de Génova. Esta tarde vienen sus dos cuñadas, viuda la una soltera la otra, a tomar el te; así que ha ido a comprar unas pastas con que obsequiarlas que de siempre han sido muy cariñosas con ella.

   Son las dos y tres cuartos de la tarde y alguien tendría que explicarle a doña Asunción, nueva vecina del barrio de Chamberí, un poco angustiada de tanto barullo, que dentro de un cuarto de hora, el Racing de Madrid va a enfrentarse en su campo, que precisamente está en ese paseo, al Madrid FC. Es un interesantísimo partido correspondiente al campeonato regional del centro , de manera que las personas que pasan presurosas al lado de doña Asunción tienen otras cosas en que pensar. «¿Juega por fin Monjardín?» pregunta alguien tan angustiado o más que la propia doña Asunción. No van a sacarle de dudas pero tampoco van a tranquilizarle, «No se sabe, pero los que vienen seguro son Teus y Bernabeu».

   El campo del Racing está ubicado de manera que uno de los fondos da al paseo del General Martínez Campos y el otro a la calle García de Paredes, con los laterales a Alonso Cano y a Modesto Lafuente. También se conoce como el campo de los Frailes, puesto que pertenece a los Paúles, cuya casa convento, templo, y dilatada huerta están en la otra acera de García de Paredes. Las copas de los no muy numerosos árboles de Martínez Campos, y los pescantes de los coches de caballos estratégicamente colocados, son un perfecto tendido de los sastres desde donde poder ver el partido sin tener que pasar por la taquilla.

   Cinco minutos antes de las tres, los jugadores del Madrid FC todavía no han saltado al campo. Si lo han hecho ya los del Racing, cuyas rojinegras camisolas a rayas verticales están a punto de agruparse para hacerse la foto de rigor. Dos seguidores del equipo local celebran la presencia de uno de sus ídolos, «Mira, mira, está Pascual en la portería», y su acompañante asiente, «Eso, eso es toda una garantía». No iba muy desencaminado, las intervenciones del guardameta del Racing de Madrid, que cuajaría una de las mejores actuaciones de la temporada, iban a ser decisivas en el resultado del partido.

   En lo que no parecen estar muy de acuerdo los dos entusiastas seguidores, es en el cambio de color del calzón en la indumentaria racinguista. Blanco desde 1914, año de su fundación, ha cambiado a negro en la temporada actual 1919 – 20. «Ya sé que a ti te gusta más el pantalón negro, pero que quieres que te diga, yo estaba más acostumbrado al blanco». «No es que me guste más el pantalón negro, pero me parece que va más con la camiseta. Pero fíjate, ya sale el Madrid».

   Las cuñadas de doña Asunción han calculado mal y han llegado antes de tiempo. Y eso que se han bajado del 20 que las traía de la Red de San Luis, viven en la calle de la Reina, una parada antes. «Hija Pilar esto es el extrarradio», eso si delante de su cuñada ni mencionarlo, al revés, «Discúlpanos Asunción, pero creíamos que la glorieta de la Iglesia estaba más lejos. ¡Si estamos al lado!». Doña Asunción sabe que sus cuñadas no piensan eso, pero sonríe porque ese educado hacer y decir de la época, va incluido en la visita. Y mira, mejor ha sido adelantarse, porque esos diez minutos les han evitado el verse envueltas en la marea humana que salía del campo del Racing. Una marea que no estará muy lejos de las cuatro mil personas, y es que estos partidos de football cada día apasionan más.

   Marea que avanza exultante paseo del General Martínez Campos adelante, porque el Racing de Madrid ha ganado por cuatro goles a uno al Madrid FC prácticamente asegurándose el título. Ya al descanso llegaron con ventaja de dos a cero, en lo que ha tenido mucho que ver la espléndida actuación del cancerbero local que lo ha parado todo. En la segunda parte el Madrid FC por medio de Bernabeu reduce distancias, pero enseguida dos nuevos goles del Racing sentencian el partido. «¡Qué te decía yo! Pascual en la portería, una garantía. Y Álvarez, ¡qué tres golazos!». Su interlocutor asiente y tiene una buena idea. «Vamos a celebrarlo al bar Santa Engracia. Invito yo».

   El Racing de Madrid desapareció el año 1931, pero aun hoy con un poco de imaginación es posible oír en la calle Martínez Campos, en el silencio de las primeras horas de la tarde de cualquier domingo, el grito de cientos de gargantas celebrando un gol, probablemente un chutazo por toda la escuadra de Caballero o de Félix Pérez, que haría inútil la estirada del portero visitante. Félix Pérez, madridista de toda la vida, había tenido un problema con el Madrid a causa de su contrato, y desde el año 1924 jugó en el Racing.

Otro trozo más de mañana es ayer

Cada capítulo de Mañana es ayer incluye una pequeña historia relacionada con el texto. La que sigue corresponde al capítulo Los jueves por la tarde no hay colegio, día de la semana en que el protagonista come en casa de su abuela en la calle Claudio Coello, frente a la casa donde murió Gustavo Adolfo Bécquer.

   Hoy en la calle parece haber más movimiento de lo normal, especialmente justo en el portal del número 7, ¿no era el número 25? donde entran y salen personas cuyos rostros son un claro reflejo de la tristeza que les invade. Dos personas en la acera hablan, y sus voces rotas de dolor flotan en el aire, para quien en medio de un silencio sepulcral quiera oírlas. «Narciso que quieres que te diga, no por esperado se hace menos terrible». Narciso es Narciso Campillo, sevillano como el poeta, amigos desde niños cuando ambos estudiaban en el colegio San Telmo de Sevilla, su ciudad natal. «Cierto Eusebio, cierto. ¡No termino de creérmelo!». Eusebio es Eusebio Blanco, escritor, autor de obras de teatro e igualmente amigo del fallecido.

   Eusebio Blanco había visitado a su amigo esa misma tarde, poco antes de su fallecimiento y Narciso se interesa por Casta. «Dime Eusebio ¿cómo está?». La ya viuda del poeta está mal, ¡mala suerte! ahora que las cosas parecían ir mejor. El poeta había vuelto de Toledo, donde había marchado al separarse, y se había instalado con su mujer y sus hijos, en un interior de la calle Claudio Coello. «Habría que enviarle recado a José, a José Casado del Alisal». «Narciso, Casado ya lo sabe, ha subido hace un momento y me ha dicho que todos nosotros, sus amigos, deberíamos ¡qué mejor homenaje a su memoria! intentar que sus obras se editaran».

   A Narciso le parece una excelente idea, de hecho él tiene gran parte de los originales que su amigo sevillano le entregó, consciente de que se moría; sería una manera también de ayudar a su mujer y a sus tres hijos, y apunta la posibilidad de contar con Ramón Rodríguez Correa. «Me parece bien −asiente Eusebio−, Ramón le ha ayudado en varias ocasiones y estará encantando de hacerlo una vez más».

   Narciso Campillo le cuenta a Eusebio Blanco con la voz rota de dolor mil y una anécdotas vividas con Gustavo Adolfo en el sevillano colegio de San Telmo, «Recuerdo como si fuera ahora mismo, le estoy viendo, componer con 12 años una oda a la muerte del maestro Alberto Lista».

   Poco más tarde se une a los dos interlocutores el poeta Augusto Ferrán que acaba de enterarse del fallecimiento; Augusto Ferrán Forniés, de ascendencia catalana como indican sus apellidos, cursó estudios secundarios en el instituto del Noviciado en Madrid. Poeta y amigo de Bécquer, colaborará con Narciso Campillo y Ramón Rodríguez Correa en la edición de las obras del poeta muerto.

   Ferrán está convencido, «Le afectó tremendamente la muerte de su hermano Valeriano. Desde hace tres meses Gustavo Adolfo no volvió a ser el mismo». Valeriano Domínguez Bécquer, hermano del poeta, pintor y destacado retratista, había muerto en Madrid el 23 de septiembre de 1780.

   Enseguida se unirá también el pintor Casado del Alisal que sale de la casa mortuoria y trae novedades. «Está arriba Vicente Palmaroli sacando un apunte del natural, y el entierro es mañana viernes a las doce. Vamos a reunirnos el sábado a la una en mi estudio de la plaza del Progreso, para ver la manera de dar publicidad a sus obras más notables. Y convendría enviar una nota a La Época». Narciso Campillo se compromete a enviar esa nota, mientras una voz que nadie sabría decir de donde procede recita una y mil veces el verso. Porque son niña tus ojos / verdes como el mar te quejas.

   Vicente Palmaroli, autor del cuadro Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte, es hijo de un litógrafo italiano y se forma con Federico Madrazo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ocuparía el puesto de director del Museo del Prado.

   Narciso Campillo cumplió su compromiso y La Época, en su número del viernes 23 de diciembre inserta una nota en la que se avisa de la reunión que los amigos del malogrado escritor tendrán al día siguiente en el estudio del pintor Casado, con objeto de editar su obra al tiempo que paliar la delicada situación en que han quedado su viuda y sus cuatro hijos. Abierta una suscripción, el Rey remitió al Sr. Casado mil reales, Ramón Rodríguez Correa que había iniciado la recopilación de los textos, prologó las Obras de Gustavo Adolfo Bécquer que en dos tomos, y al precio de 28 reales, se puso a la venta a finales del mes de julio de 1871. El cariño y la generosidad de sus amigos lo hicieron posible.

   Esta historia, en apariencia tremendamente triste, resulta ser en verdad tremendamente alegre dado que es un canto continuo a la amistad. El poeta Gustavo Adolfo Bécquer, quizás en opinión de muchos, un hombre pobre en el momento de su muerte, es realmente un hombre inmensamente rico. ¡Tiene muchos y buenos amigos!

 

 

Un nuevo trozo de Mañana es ayer

Cada capítulo de Mañana es ayer incluye una pequeña historia relacionada con el texto. La que sigue corresponde al capítulo del verano en San Lorenzo de El Escorial.

 

 

 

   A escasa distancia en el espacio que no en el tiempo, por delante de la niña y de Gonzalo, dos personas sostienen animada conversación. Van vestidos de una manera que se hace un tanto extraña, pero nadie parece reparar en ello, de la misma manera que los dos personajes parecen ignorar lo que les rodea, como si la escurialense lonja estuviera desierta.

   El de la gorguera, un género de adorno de lienzo plegado y alechugado que se ponía al cuello, parece llevar la voz cantante. «He recibido cartas de la infanta duquesa de Saboya, mi hija , los días once y trece de junio, y he holgado mucho con ellas. Y también, con las buenas nuevas que me da de sus hijos, mis nietos, pero ya me veis, esta inoportuna gota que me ha dejado sin andar varios días, y aunque estoy mejor, todavía lo hago con palo. Pero decidme, ¿cómo va la Academia de Matemáticas?, ¿sigue en lo que fue recogimiento de doña Carolina Téllez? ».

   Su interlocutor, que lleva un enorme cartapacio entre sus manos, que cada diez pasos con matemática regularidad vuelve la vista a la impresionante construcción, le contesta respetuosamente, pero sin perder un ápice de su dignidad. «Si Majestad, siguen. Como sigue Juan Bautista Labaña leyendo las matemáticas, y como sigue Pedro Ambrosio de Ondériz, ayudándole y traduciendo libros del latín al romance». El prudente rey se interesa después por el profesor de fortificación, que no es otro que Cristóbal de Rojas, asesor de las fortificaciones de Pamplona y miembro de la fuerza expedicionaria española en Bretaña. Y termina con una orden precisa a su aposentador y arquitecto Juan de Herrera, «Hacedme llegar cualesquier nueva que se produjese en mi Real Academia».

   Herrera hace saber al Rey que así se hará, y a continuación Su Majestad se interesa asimismo por una de las madrileñas obras de su aposentador. «Os felicito por vuestro buen hacer en la realización de la puente segoviana. Recordadme, ¿cuál fue realmente el coste de su construcción?». La contestación es breve y exacta, como gusta de oírlas el segundo de los felipes, «Doscientos mil ducados Majestad».

   Herrera se ha girado ligerísimamente por enésima vez hacia el monasterio, como si quisiera cerciorarse que sí, que sigue ahí. El hacerlo, le ha permitido comprobar como dos personas se dirigen a buen paso hacia ellos, y las dos personas que se agregan a S.M. y a su arquitecto y real aposentador son, el de más edad, Benito Arias Montano sacerdote humanista, capellán de Felipe II, quien está encargado de la catalogación de los cerca de diez mil ejemplares que hay en la biblioteca del Real Monasterio. El más joven es fray José de Sigüenza del Orden de San Jerónimo; está ayudando a Arias Montano en la labor de catalogación de los fondos de la biblioteca, es Cronista Oficial de su Orden, rector del colegio de El Escorial, y prior del Monasterio.

   Después de inclinarse respetuosamente ante su rey y obtenido su real permiso, Arias Montano, se ha dirigido al arquitecto. «Quería agradeceros el mucho cuidado que habéis tenido en atender mis anteriores requerimientos de los varios exemplares que os encargué necesarios para la biblioteca. Pero tengo que volver a importunaros por indicación de fray José. Se trata de dos textos del bachiller Juan Pérez de Moya». La contestación de Herrera es mitad diplomática, mitad verdad, «Vos no me importunáis nunca, y menos aún si se trata de matemáticos textos. Supongo que os referís a los intitulados Tratado de Matemáticas y Tratado de Geometría, impresos en Alcalá». «Suponéis bien. En Alcalá y por Juan Gracián en el año de mil quinientos y setenta y tres».

   Ahora es el rey quien se dirige a quien fue su capellán real, «Se de vuestro anhelo por viajar a Sevilla. Tiempo al tiempo y vos fray José ̶ ahora se dirige a la otra persona ̶ , seguro estoy que haréis tan buen bibliotecario como predicador». Como no podía ser de otra manera se habla del fallecimiento del papa Urbano VII, muerto de malaria a los siete días de su investidura, siendo su pontificado el más breve de la historia. El rey expresa su decepción, «Me había holgado mucho con su elección considerando que Giovanni Battista Castana había sido nuncio en Madrid y había bautizado a mi muy amada hija Isabel Clara Eugenia».

   «Disculpad mi atrevimiento Majestad ̶ es Benito Arias quien habla−, de siempre he querido saber el por que de esa elección». Motivos hubo, «Hallándonos yo y la reina en el bosque de Balsaín, en el año de mil quinientos y sesenta y seis parió la reina en el mencionado lugar una niña a quien como bien sabéis se puso por nombre Isabel Clara Eugenia. Y habiendo competencias para su bautismo entre don Diego Covarrubias, obispo de Segovia y en cuya feligresía caía Balsaín, y el arzobispo de Santiago, cura de mi real casa y mi capellán mayor, fue esa mi real voluntad». Satisfecha la curiosidad de Arias Montano, el rey y sus súbditos se dirigen hacia la iglesia nueva, se hace tarde y es tiempo de oración.

 

 

Diccionario Biográfico Español

La Real Academia de la Historia ha aprobado una  asignatura que tenía pendiente. La edición del Diccionario Biográfico Español, en el que aparecen las biografías de más de 40.000 personajes nacidos en cualquier lugar de la Monarquía Hispánica, desde el siglo IV a. de C. hasta el siglo XX.

Elaborado por más de 5.000 biógrafos españoles y extranjeros consta de 50 volúmenes de 850 páginas cada volumen. Si bien ya ha generado cierta polémica por la biografía de algunos de sus personajes, para ponerle la nota final habrá que esperar a la terminación de la obra. El último volumen impreso hasta el momento es el XL de Páramo a Pérez de Cabreros.

Si tienes curiosidad por conocer si ese antepasado tuyo que se metió en política, o fue un eminente jurista, o incluso le dio por escribir, está entre los personajes biografiados puedes entrar en la página Web de la Academia www.rah.es seleccionar Diccionario Bibliográfico Español, después Centro Digital de Estudios Biográficos y finalmente Base de datos del Centro de Estudios Biográficos, y tratar de encontrarle usando el Índice Alfabético de Autores. ¡Suerte!