Los productos de la farmacia Gayoso

   La farmacia Gayoso, una de las más antiguas de Madrid, está situada en el número 2 de la calle Arenal desde mediados del siglo XVIII, si bien desde su fundación y hasta aproximadamente el año 1895, debe ser conocida como farmacia Moreno. Puede verse la historia de la farmacia en el post La farmacia Gayoso de Madrid, en este mismo blog. El motivo del cambio de nombre es que en el momento del fallecimiento del fundador de la botica, el farmacéutico Vicente Moreno Miguel, tiene sólo un hijo de muy corta edad habido de su segundo matrimonio. Por el contrario, tiene varios sobrinos farmacéuticos legando la oficina de farmacia a dos de ellos. Uno de estos últimos es hijo de Mariana Verdejo, hermana de Francisca Verdejo primera mujer de Vicente Moreno Miguel. Se trata de  Francisco Gayoso Verdejo, dando su primer apellido nuevo nombre a la farmacia. También en este mismo blog puede consultarse el post Los farmacéuticos de la farmacia Gayoso.

   Hecha esta salvedad mencionaremos aquí algunos de los productos de la farmacia, con independencia del nombre que en ese momento tuviera.

   La tintura de árnica preparada según la fórmula que usan los religiosos del Gran San Bernardo de los Alpes, conocida de todo el mundo como un remedio milagroso para los casos de herida de arma blanca o de fuego, contusiones, cardenales dolores y torceduras. Se vende al por mayor y menor en frascos de cuatro tamaños a los precios de 4, 8, 16, y 24 reales.

   Sales marinas para tomar los baños de mar a domicilio. Los facultativos de más nota de Madrid, como de las poblaciones distintas de la mar las están prescribiendo a toda su clientela con los mejores resultados. Las familias que por sus muchas ocupaciones no puedan rendir un viaje y deseen tomar baños de mar en los establecimientos públicos o en sus propias casas encontrarán paquetes de 500 gramos, 4 reales, para niños de 4 a 6 años; id 750 gramos, 6 reales, para niños de 6 a 12 años; id de 1000 gramos, 8 reales, para personas mayores, cada uno con su instrucción correspondiente. Avisando con unas horas de anticipación se preparan todos los baños minerales analizados y existentes en España (hasta el día 294) tales como Alhama, Archena, . . .  y lo mismo en todos los baños minerales acreditados en Francia, Inglaterra, Italia, Alemania y Ruisa.

   Vigorosina Aguirre, cura infaliblemente catarros agudos y crónicos, a base de Arehenal, Nueicina, Thlocus y Heroína. Frasco 5 pesetas.

   Pulverizadores. Acabamos de recibir un surtido completo de estos aparatos ingleses y franceses que tan buenos resultados se obtiene para pulverizar las aguas de brea y sulfurosas; con ellos en muy poco  gasto pueden pulverizarse las habitaciones de los enfermos con líquidos desinfectantes tan útiles en todas las enfermedades y en especial las de carácter contagioso.

   Píldoras depurativas del Dr. Golvin. Poderoso depurativo de la sangre. Cada caja contiene la manera de su empleo en cuatro idiomas, llevando la firma Golvin revestida del sello de garantía del estado francés.

   El estómago artificial o polvos del Dr. Kuntz. Dipsepsia, Gastralgia o Diarrea. Caja 7,50 pesetas, la media caja 4 pesetas.

   Reumatina Voley. Por fuerte que sea el dolor cura en pocas horas. Caja 3 pesetas.

    Hay además una larga lista de productos, como por ejemplo las cápsulas Ferri, investigados en el laboratorio químico y botica de Vicente Moreno Miguel, registrados por el farmacéutico, cuya patente hereda su hijo, con total independencia del legado de la farmacia. Sin embargo Vicente Moreno Morato no continuó la tradición paterna, prefirió seguir la carrera de las armas, y el año 1908, con la graduación de segundo teniente cambia de destino del batallón de cazadores Las Navas al Barbastro.

 

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La librera de la calle de Carretas (5)

Valentín Sambricio y un librero con oficina en la calle Carretas

(Continuación de La librera de la calle de Carretas (4))

 

   El pintor, crítico de arte, y periodista Jacinto Octavio Picón en 1896 había nombrado el retrato como La librera de la calle de Carretas, título refrendado en 1915 por Aureliano de Beruete. Y os adelantaba que años más tarde, Valentín Sambricio identificaba a la modelo del cuadro como la mujer de un librero de la calle de Carretas.

   El librero de quien habla Sambricio en su obra Tapices de Goya publicada en 1942 se llama Antonio Baylo, y es en efecto un librero nacido en Uceda, Guadalajara, dueño de una librería en la calle de Carretas aproximadamente desde 1781, situada frente a la Imprenta Real, es decir subiendo desde la Puerta del Sol en la acera de la izquierda. Cómo llega Antonio Baylo a hacerse propietario de la librería es una rocambolesca historia que tendremos ocasión de conocer más adelante.

   Abandonemos momentáneamente la modelo del cuadro y su entorno, y vamos al pintor. Francisco Goya, por decreto de 3 de mayo de 1811 había sido nombrado caballero de la Real Orden de España, distinción creada por el rey intruso José I y ridiculizada por el pueblo con el despectivo Orden de la Berenjena por el color de la condecoración. Goya además había trabajado para el gobierno francés. A finales de 1812, expulsado José de España, se crea el Tribunal de Vigilancia y Apelaciones, ante el cual debían de comparecer personas sobre las que se tenían dudas acerca de su comportamiento político durante el reinado de José I. Francisco de Goya es uno de ellos.

   No se trata aquí de estudiar si Goya fue o no afrancesado, asunto ya ampliamente tratado, pero no quiero dejar de mencionar que durante los meses  de 1808 en que José I, tras la derrota de Bailén abandona la Corte yéndose a Vitoria, se produce en Madrid una larga lista  de donativos para el ejército español. En esa lista, con fecha 4 de octubre de 1808, aparece Goya que entrega al ejército de Aragón, ¡de dónde si no! 21 varas de lienzo.

   En el proceso que sufre Goya en el ya citado Tribunal de Vigilancia y Apelaciones declaran a su favor varios testigos, siendo uno de ellos Antonio Baylo, del Comercio de Libros en esta Corte. Testimonio que por su interés reproduzco íntegro.

    «En la villa de Madrid a diez y seis de Noviembre de mil ochocientos catorce; para esta información se presentó por testigo a don Antonio Baylo, del comercio de libros, que vive Calle de las Carretas número quatro, a quien yo el Escribano del número reciví Juramento por Dios Nuestro Señor y una Señal de Cruz en forma de derecho, quien lo hizo como se requiere, y vaxo de él, prometió decir verdad en lo que supiese y fuese preguntado; y habiéndolo sido por el Tenor del pedimento Dijo: Hace muchos años conoce y a tratado con frequencia a don Francisco Goya, Pintor de Cámara, que fue del Augusto Padre de Nuestro Soverano, y con particularidad en el Tiempo que ha permanecido en esta Capital el Gobierno intruso; y le consta positivamente, que en todo él no hizo solicitud alguna a dicho Gobierno intruso, ni tuvo sueldo ni pensión por él, antes por el contrario se ha conducido el don Francisco Goya con mucho Patriotismo en favor de la Justa Causa que defendía la Nación, como es público y notorio, y en sus conversaciones que oyó el declarante, manifestó siempre un odio a dicho Gobierno intruso, por el mal modo que se conducía, para oprimir a los buenos Españoles. Que aunque le comprometió el Govierno intruso con darle la cruz de la llamada Real orden de España, por el renombre que la Pintura debía a sus Estudios, observó el declarante, no se la puso ni un solo momento , prefiriendo cualquier esposición de su persona, á que se le tuviese por sospechoso, y se dudase del Patriotismo el más acendrado que abrigaba su corazón, huyendo como lo hacía de tener roce con las personas adictas a dicho Gobierno intruso, y por consiguiente fue mirado y estimado por los buenos Españoles como tan amante de la Nación. Que es cuanto puede decir y declarar en el particular, siendo toda la verdad, bajo del Juramento prestado en el que, y esta su declaración se afirma, ratifica, y lo firma; expresó ser mayor de veinte y cinco años, de todo lo qual doy fee.

                                              (Firmado)  Antonio Baylo

                                                                   Ante my

                                                                                               (Firmado) Antonio López de Salazar»

   Este documento es en el que se basa Sambricio para establecer que el pintor Francisco Goya y el librero dela calle de Carretas Antonio Baylo son amigos, «hace muchos conoce y á tratado con frecuencia», y que aquel regala a éste el retrato  de su mujer. Lo primero parece claro a la vista de la testificación del librero, pero lo segundo, si no se añaden otras pruebas, no parece suficiente. Por eso a día de hoy, el cuadro se conoce como Retrato de una  señora con mantilla y basquiña.

   De las dos posibilidades de que Goya le regale a su amigo el cuadro, bien en agradecimiento a la testificación que realiza (1814), bien como regalo de boda (1807), parece más pausible ésta última acorde con la datación del cuadro. En cualquier caso la interpretación de Sambricio habría que encajarla con la de Yriarte que recordareis suponía a Goya enamorado de la librera.

   Tendréis curiosidad por conocer el nombre de la mujer de Antonio Baylo retratada según Sambricio por Francisco Goya. Se llama María Casimira Monzón, no Mazón como he visto en algunos textos, y se casa con Antonio Baylo el 1 de julio de 1807. Un último apunte, el día de su boda María Casimira tiene 20 años, Antonio Baylo 60. 

  

La librera de la calle de Carretas (4)

El conde de la Viñaza y Aureliano de Beruete

(Continuación de La librera de la calle de Carretas (3))

 

   En el post anterior el cuadro Retrato de una señora con mantilla y basquiña que había heredado de su padre en 1841 José María García Huerta, en 1867 era propiedad de Narciso Heredia y Heredia, 2º  conde de Heredia, no por herencia de su abuelo, y sin poder definir con precisión ni el cómo,  ni el cuándo. Eso sí, con una variación importante, ahora el retrato se llama La librera y con afirmaciones de peso hechas por Charles de Yriarte acerca de la vida amorosa de Francisco de Goya.

   Si avanzamos de nuevo en el tiempo, nos encontramos con otro estudioso de Goya, el conde de la Viñaza, que en su libro Goya, su vida, su tiempo, su obra, impreso en 1887, describe un cuadro del pintor aragonés en los siguientes términos. «Retrato de más de medio cuerpo, según el tamaño natural, de una hermosa mujer morena, fresca de carnes, de ojos grandes y expresivos, y pelo encrespado negro colocado al descuido sobre sobre su frente. Viste un traje de escote con mangas negras, de raso negro, y mantilla blanca bordada de encaje, la cual sostiene a la altura de la cintura con la mano derecha. En la izquierda un abanico blanco cerrado,, y el brazo de este lado caído naturalmente. Brazos y manos los tiene cubiertos por grandes guantes blancos de ante; y en el escote lleva un collar de ámbar de media vuelta.

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   Ha desaparecido en la descripción de la indumentaria la basquiña, pero no queda la más mínima duda que el cuadro descrito por el conde de la Viñaza es nuestro cuadro, para el que además mantiene la ocupación de la retratada, librera. El conde de la Viñaza, va todavía más lejos situando a la librera en una calle de Madrid. Titula el cuadro Retrato de la librera de la calle de las Fuentes.

   La calle de las Fuentes está en el cuartel de la Plaza, barrio de San Ginés, y va desde la plazuela del Barranco, final de la calle Arenal, a la plazuela de Herradores. Es una calle corta, a una mano la manzana 390 con casas numeradas de la 1 a la 9, y a la mano opuesta la manzana 414 con casas numeradas de la 1 a la 14. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, en el Madrid de finales del XVIII principios del XIX hay un considerable número de librerías, pero yo no he sido capaz de encontrar una en la calle de las Fuentes.  Claro que también podría suponerse que es la calle en la que vive que no tiene forzosamente que coincidir con la calle donde esté la librería.      

   El conde de la Viñaza asigna el cuadro a un nuevo propietario, Benito Garriga, hecho sobre el que volveremos. De momento seguimos avanzando en el tiempo y en 1915, Aureliano de Beruete en su libro Goya, describe el cuadro  basándose en una fotografía, pero es el retrato de siempre. Tiene que hacerlo así porque como el mismo Beruete dice, el cuadro salió de España hace muchos años. En efecto, el cuadro se vendió el 6 de abril de 1890 en el hotel Drouot de París, donde está una de las casas de subastas más importantes de Francia.

   Beruete no se extiende mucho más, «no es mi costumbre hablar de pinturas que no he visto», pero a pesar de ello va a introducir una variación importante. Concretamente en el título del cuadro que pasa a nombrarlo, sin explicar la razón para hacerlo, como  Retrato de la librera de la calle de Carretas. Y eso sí, en los años en que está datado el cuadro, otra cosa no habrá en la calle de Carretas, pero librerías, librerías hay unas cuantas. Seguramente, por la ubicación en esa calle y en los números 14 al 19 de la manzana 206, es decir subiendo desde la Puerta del Sol a la mano diestra, de la Imprenta Real.

   En cualquier caso la paternidad del nuevo título no es atribuible a Beruete. Según noticia aparecida en  La Época en mayo de 1896, Jacinto Octavio Picón en artículo publicado en El Correo y tratando del interés de que el Estado adquiera cuadros de Goya en poder de particulares, ya cita el retrato de La librera de la calle de Carretas. Jacinto Octavio Picón es un pintor madrileño, a su vez crítico de arte y periodista.

   El interés por descubrir la identidad de la librera no es nuevo. El periódico Alrededor del mundo tiene entre sus páginas una sección fija, Averiguador Universal, en la que aparecen preguntas formuladas por los lectores, y que son respondidas por otros lectores en números posteriores. En el ejemplar de fecha 16.8.1915 aparece con el número 7.196 la siguiente pregunta: «¿Quién fue la librera de la calle de Carretas inmortalizada por Goya?», pregunta que no encontró respuesta.  

   Años más tarde, Valentín Sambricio identificará a la desconocida retratada por Francisco de Goya y Lucientes, incluso con documentación bastante desde su opinión personal, como la mujer de un librero, de un librero con la librería en la calle de Carretas. Pero eso lo trataremos en el siguiente post.

La librera de la calle de Carretas (3)

Charles Yriarte y el marqués de Heredia

(Continuación de La librera de la calle de Carretas (2))

 

   Veíamos en el post anterior que en el inventario de los cuadros y pinturas realizado al fallecimiento de Serafín García de la Huerta aparece Retrato de una Señora con mantilla y basquiña de Francisco Goya. Serafín muere el 25 de agosto de 1839, lo que quiere decir que un día antes  de morir era el poseedor de la pintura, sin poder precisar de momento desde cuándo. Veíamos igualmente que la pintura, como el resto de cuadros permanecía pro indiviso, hasta que en febrero de 1842 pasaba a ser propiedad de José, segundo de los hijos de Serafín García de la Huerta.  

   Dada la similitud de título y autor, asumimos que es el mismo cuadro que hoy figura en la National Gallery of Art de Washington con el nombre de Young Lady Wearing a Mantilla and Basquina, y para el que el citado museo da unas dimensiones de 109,5 x 77,5 cm. En el inventario de García de la Huerta las dimensiones son 5 cuartas de alto por 3 y media largas de ancho, de manera que para una cuarta de 21 cm. obtendríamos una dimensión de 105 x 75,6 cm. (Al ser 3 y media largas he multiplicado por 3,6 en vez de 3,5).     

   Sigamos ahora avanzando en el tiempo. Charles Yriarte es un escritor francés, parisino por más señas, descendiente de una familia de origen español. Biógrafo de Goya, viajó por España registrándose como  visitante en el Real Museo el 29 de junio de 1864.

   En el Catálogo  de las pinturas de Goya que incorporara al final de su libro GOYA / SA BIOGRAPHIE / LES FRESQUES, LES TOILES, LES TAPISSERIES, LES EAUX-FORTES / ET / LE CATALOGUE DE L’OEUVRE,   e incluido en el epígrafe PORTRAITS, HISTOIRE, GENRE da como poseedor al marqués de Heredia de un cuadro titulado La Librera y añade «Esta librera ha jugado un papel en la vida de Goya. La veía cada día, al dirigirse a casa de la bella tendera a quien hacía el retrato». Antes, en el capítulo II dedicado a la vida de Goya y en lo que hace relación a sus amores dice «Sus proezas galantes son también célebres; es un don Juan que no desdeñaba ninguna víctima y ponía en su lista todas las clases de la sociedad. Todo el mundo en España conocía la bella librera que fue durante largo tiempo el objeto de sus deseos».

   Lo identificamos con el cuadro de García de la Huerta porque en el catálogo de la obra de Goya que hace Yriarte, solamente aparecen tres retratos de mujeres sin identificar. Dos de ellos son de medio cuerpo, que no es el caso del cuadro que nos ocupa. Es decir que el lienzo que identificábamos como Retrato de una señora con mantilla y basquiña ha pasado a titularse La librera.

   No añade ningún dato más que permita la identificación de la retratada, pero sí estuvo en España en 1864, no ha pasado tanto tiempo desde que se pinta el cuadro, como para que Yriarte no pueda haber recibido información casi de primera mano. Porque además Yriarte no escribe de oídas. «Nous avons parcourvu les cathèdrales, les conventes, les palais, les quintas de toute l’Espagne, después Saragose jusq’à Valence». Y agradece la colaboración prestada por la casa de Alba abriéndole el palacio de Liria, la del duque de Montpensier permitiéndole fotografiar los cuadros del  palacio de San Telmo en Sevilla, al duque de Osuna mostrándole La Alameda, y Federico Madrazo enseñándole los cuadros del Real Museo, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y los suyos propios.   

   La otra información de interés que ofrece Yriarte, es la del poseedor del retrato, el marqués de Heredia. Vamos a analizar de qué marqués de Heredia se trata. El primer marqués de Heredia es Narciso Heredia Bejines. Muere en Madrid el 18 de septiembre de 1843, y recordando del post anterior, que a día 31 de mayo de 1842 el propietario del cuadro es José García de la Huerta, no hay mucho tiempo para poder realizar la transacción. Transacción que en ese periodo no llegó a realizarse porque en el inventario, cuenta, partición y adjudicación de muebles, ropas, alhajas, pinturas, librería, etc quedados con motivo del fallecimiento del marqués de Heredia, los cuadros son de muy escaso valor sin mencionar  el nombre del pintor, con la única excepción de varios cuadros de Ribera.

   Narciso Heredia Bejines tiene dos hijas, y puesto que fallecen antes que él, ninguna heredará el marquesado. Lo hace, como segundo marqués de Heredia, Narciso de Heredia y Heredia, hijo de María Josefa, a su vez hija del primer marqués. El primer Heredia del segundo marqués, que me dio sus quebraderos de cabeza, viene motivado porque María Josefa se casó con un primo hermano suyo, Narciso Heredia y Peralta. ¡También Narciso de nombre! Para no hacernos un lío, Josefa Heredia tiene un padre, un marido y un hijo que se llaman exactamente igual, Narciso Heredia. El que a nosotros nos interesa es el hijo.

Narciso de Heredia y Heredia nace en 1832, hereda el marquesado con 11 años y muere en 1912. Es sin lugar a dudas en 1864, el propietario del cuadro que cita Yriarte, sin que podamos determinar desde cuándo, y si se lo compró directamente a José García de la Huerta. Parte de la nueva información que aporta Yriarte en cuanto a la actividad de la modelo, y del interés de Goya por ella, bien le pudo ser proporcionada por el propio marqués de Benavente.  

  

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Narciso de Heredia y Heredia, parlamentario y senador. 1864

iG Grabado antiguo y obra gráfica.

  Yriarte visita el palacio del marqués de la Torrecilla como él mismo nos dice «Nous avons vu, chez le marquis de la Torrecilla deux esquisses trés-faites du Saint Francois». Este marqués de la Torrecilla es Narciso Salabert y Pinedo, con una edad similar a la del marqués de Heredia propietario del cuadro de La Librera, y con el que existe una cierta relación familiar. El abuelo del marqués de Heredia se había casado en segundas nupcias con una tía del marqués de la Torrecilla. Si Yriarte conoció al marqués de la Torrecilla es muy probable que también conociera al marqués de Heredia. Recuérdese que  Yriarte ha visitado todos los palacios.

   De lo que no hay duda es que el calificativo de librera le viene a la modelo del cuadro de un determinado tipo de relación con un librero. No es época para que una mujer desempeñe esa profesión, hasta el punto que si un librero fallece y la viuda quiere proseguir con la casa comercio tiene que dar todo su poder cumplido para que un varón de su confianza se ponga al frente del negocio.

 

              

 

La librera de la calle de Carretas (2)

Mujer joven con mantilla y basquiña

(Continuación de La librera de la calle de Carretas(1))

   Serafín García de la Huerta pintor y marchante de cuadros, es hijo del militar Luis García de la Huerta, y nieto del ilustrado Vicente García de la Huerta. Vicente fue archivero del duque de Alba, oficial primero de la Real Biblioteca, y miembro de las Academias Española, de la Historia, y de la de Bellas Artes de San Fernando. Serafín García de la Huerta nacido en Mallorca, muere en Madrid el 25 de agosto de 1839.

   El inventario, tasación, y adjudicación de los bienes quedados a su fallecimiento, están registrados en escritura pública ante el escribano José González de Castro en el año 1840. No es del todo exacto porque la adjudicación de los cuadros y pinturas no se realiza y quedaron pro indiviso. Dos años más tarde, Enrique Storr tutor de los tres hijos menores y universales herederos de Serafín García de la Huerta, solicita al juez que se proceda a la partición de los cuadros nombrando el sujeto imparcial que lo haga, dado que la hija mayor, la señorita Serafina García de la Huerta, va a contraer matrimonio y hay que entregarla su parte.

   El juez dicta un auto el 17 de febrero de 1842 en el que para llevar a cabo la partición que se solicita, nombra a Francisco Marcellán Abogado del Colegio de esta Corte, al que se le entrega el inventario de cuadros y pinturas con la tasación que en su día realizó José Bueno como Profesor de Pinturas, Restaurador de Cámara de S.M. y primero del Real Museo. Y a quien se lo había pedido encarecidamente y en varias ocasiones el propio Serafín García de la Huerta, antes de su fallecimiento.

   El inventario consta de 1049 cuadros y pinturas y con la valoración sería en sí mismo digno de un estudio detallado que no tiene aquí cabida. El de mayor valor asignado, 60.000 reales, es una tabla redonda de cinco cuartas y media en círculo (supongo diámetro), que representa a la Virgen con el Niño Jesús y San Juan, y cuyo autor es Rafael. Hay dos tablas de Leonardo da Vinci valoradas en 50.000 reales cada una, una Inmaculada Concepción de Murillo 40.000 reales y un Rembrandt valorado en 20.000 reales.

   Varios cuadros de Velázquez con valores de 5.000 a 25.000 reales, un Zurbarán y varios Rubens. Hay varios cuadros de Francisco de Goya, y uno de ellos es precisamente el que más nos interesa de este amplio inventario. El cuadro con el número 871 del que dice «Ydem (El 869 y 870 son lienzos) Otro Ydem (El 870 es un retrato) de una Señora con mantilla y basquiña de Goya cinco cuartas de alto por tres y media largas de ancho dos mil reales . . . 2000».

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   Young Lady Wearing a Mantilla and Basquina de Goya en la National Gallery of Art de Washington, y Retrato de una Señora con mantilla y basquiña igualmente de Goya en el inventario de Serafín García de la Huerta. Que se trata de una mujer joven es innegable viendo el cuadro, pero el que le ha puesto nombre en el inventario del marchante, parece saber que el estado social de la retratada merece el calificativo de señora. Es decir, no se trata de una señorita Serafina a punto de casarse. Joven sí, pero debe de estar casada, y esto más adelante puede tener su importancia.

   Ahora lo que nos interesa es a cual de los tres hijos y herederos de García de la Huerta, Serafina, José, y Vicenta, asigna el cuadro el partidor nombrado por el juez. Utiliza para hacer la partición cuatro reglas, la primera es repartir a todos los herederos igual número de cuadros y de todos y cada uno de los precios. La segunda, tener en cuenta las facilidades para el transporte considerando las dimensiones y que los lienzos pueden rollarse y las tablas, más pesadas, no. La tercera, considerar que a igualdad de precio hay cuadros que por el asunto tienen una mayor facilidad para la venta. Y la cuarta y última regla, adjudicar a una misma persona los cuadros que sean compañeros, que los hay en el inventario.

   El 31 de mayo de 1842 el juez dicta un auto de aprobación de la partición y el 11 de junio queda protocolizada por el escribano González de Castro. Es bien aceptada. Incluso Isidoro Bonnefoi, marido de Serafina García de la Huerta, tiene el convencimiento de la legalidad, exactitud e igualdad con que se ha practicado, porque según sus propias palabras «como se casa al tiempo que se realiza la partición ha intervenido directamente en ella». En efecto, Serafina García de la Huerta, que vive en la plazuela de Santa Catalina de los Donados nº 1, se ha casado el 7 de abril de 1842 en la iglesia parroquial de San Ginés. Tiene 21 años.

   El retrato de una señora con mantilla y basquiña es adjudicado a José García de la Huerta, segundo de los hijos que tiene en ese momento 18 años. Es, a 31 de mayo de 1842, propietario del cuadro, y como se trata de un menor, no está de más conocer quién es su tutor. Ante el exceso de trabajo que tiene el actual, Enrique Storr, el menor solicita judicialmente que lo sea Pedro de Ysasi, pero éste no podrá hacer frente a la fianza de 1.400.000 reales exigida por el tutor en ejercicio. Si podrá hacerlo Francisco Xavier de Mariátegui, de la entera confianza del menor, con una casa de su propiedad sita en la Corte y en su carrera de San Gerónimo.

La librera de la calle de Carretas (1)

   Un sello, un cuadro.

   Con motivo de la celebración del Día del Sello, el 24 de marzo de 1958, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre realiza una emisión de diez sellos dedicados al pintor Francisco de Goya y Lucientes. Impresos en huecograbado, todos llevan en su parte inferior una banda en oro donde aparece la palabra España, y con valores faciales comprendidos entre 15 céntimos y 3 pesetas.

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   El ejemplar correspondiente al valor de 40 céntimos es, tal como puede apreciarse en el borde inferior dentado, el cuadro titulado La librera de la calle de Carretas. A mí, desde una clara e indiscutible posición de inexperto en el arte de la pintura, me parece que se trata de un cuadro de gran belleza que merecería la pena poder ser contemplado con detenimiento. Lo que ocurre es que no es fácil hacerlo porque el retrato está en los Estados Unidos, concretamente en la National Gallery of Art de Washington.

   El cuadro, de dimensiones 109,5 x 77,5 cm. datado aproximadamente entre 1800 y 1805, no está catalogado con el nombre que aparece en el sello. Su nombre es Young Lady Wearing a Mantilla and Basquina, es decir Mujer Joven con Mantilla y Basquiña recordando que el inglés carece de eñe.

   La basquiña es, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua en las ediciones de la época en que se pinta el cuadro, «ropa o saya que traen las mujeres desde la cintura hasta los pies con pliegues en la parte superior para ajustarla a la cintura, y por la parte inferior con mucho vuelo. Pónese encima de toda la demás ropa y sirve comúnmente para salir a la calle». Hasta la decimotercera edición, año 1869, no se modifica la definición, y solamente para sustituir la cintura por las caderas y añadir «que por lo común es negra».

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   La visualización del cuadro ofrece lógicamente un mayor detalle que la del sello, como la riqueza de la mantilla, la elegancia de los guantes, el abanico cerrado que lleva la retratada en su mano izquierda, o el collar con que adorna su escote. Lo de la basquiña, al menos con esta imagen, parece más discutible porque no está claro si es un vestido o bien un cuerpo con falda desde la cintura a los pies.

   Viendo sello y cuadro se me plantean una serie de interrogantes tales como ¿por qué el cuadro terminó en Washington? ¿Por qué en el sello aparece con un nombre y en la National Gallery of Art con otro? ¿Quién es la joven mujer con mantilla y basquiña retratada por Goya? ¿Es realmente una librera con oficina en la calle de Carretas? Y si es así ¿quién es la librera de la calle de Carretas? ¡Demasiadas preguntas para un solo post!

La verdarera historia del marqués de Perales (y 9)

El marqués de Perales ¿culpable o inocente?

(Continuación del post La verdadera historia del marqués de Perales (8))

   Este post cierra, esta para mi novedosa y sorprendente historia, de un madrileño de finales del siglo XVIII, y en el que hay que determinar si José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, fue culpable o no de traición al pueblo de Madrid. No he podido encontrar ni una sola prueba documentada del afrancesamiento del marqués de Perales. Su trato con Murat y el haber recibido favores de éste, argumento que podría soportar esa creencia, es solamente tradición oral.

   Lo que sí está probado es que el 6 de agosto de 1808 el marqués solicita al Consejo permiso para hacer una función de vigilia y misa cantada por las almas de los difuntos españoles que perdieron la vida en esta Corte el día 2 de mayo, y en los demás sucesos posteriores contra los franceses dentro y fuera de Madrid. La función religiosa a celebrarse en el convento de los PP Carmelitas Calzados, en la calle del Carmen manzana 352 número 7. Una vez que el Consejo se sirve conceder el permiso solicitado un día después, el marqués cursa las invitaciones correspondientes, suplica a V.I. se sirva asistir a una misa dedifuntos, con la intención y lugar ya especificados, el viernes 12 de mayo a las diez de su mañana. (AHN Consejos, Leg. 5521, Exp. 19)

   Aunque ciertamente no se trata de una prueba definitiva, no parece lógico pensar que un afrancesado solicitara una cosa así. Más bien parece la reacción de una persona a la que ha dolido la muerte de personas, conocidas o no, pero que siente próximas, con algunas de las cuales probablemente ha convivido. Julian Puerto Rodríguez en un excelente trabajo titulado Aproximación comentada a La manola del Portillo o las aventuras y desventuras del marqués de Perales, editado por por la Casa Regional de Extremadura en Getafe, cita los nombres de hasta cuatro hortelanos del marqués, muertos en la refriega callejera del 2 de mayo.

   Si el marqués hubiera estado tan implicado con el rey intruso como supondrá la majeza el primero de diciembre, bien hubiera podido, como hicieron otros, acompañar el 31 de julio a José en su huída a Vitoria. Por ejemplo el conde de Cabarrús, al que el marqués de Perales pocos días antes de la salida de las tropas francesas de esta Corte, le vende dos mulas conviniendo un precio de nueve mil y quinientos reales. Autorizando el conde al marqués que el día de su marcha se llevase una berlina que dejaba, la vendiese, y que su valor sirviese para el pago de la citada cantidad. (AHN Consejos, Leg. 9395, Exp. 60)

   En La Gaceta de Madrid de fecha 11 de noviembre de 1808 se incluye una lista en la que continúan los donativos para asistir al ejército. En ella aparece la marquesa de Perales con seis camisas. Antes, en el mes de agosto, el marqués colabora decidamente con el Consejo en el inventariado de armas dejadas por los franceses en el Museo y en el Buen Retiro, poniendo en conocimiento de ese mismo Consejo, que las armas han sido entregadas para su custodia al comandante de Artillería José Navarro Falcón.

   Yo no he podido verlo, pero me han asegurado que desde el palacio de la calle Magdalena se tiene acceso a un pasadizo subterráneo que comunica con el Palacio Real. Si tú eres afrancesado, si tú has sustituido con arena la pólvora de los cartuchos, siendo cosciente de lo exaltados que están los ánimos ante la proximidad del ejército francés, y oyes el ruido que produce la turba en la calle, el tiempo que se tarda en derribar a hachazos un portón, te da el margen suficiente para escapar por el pasadizo.

   Pero si tú te diviertes como ellos, si te vistes como ellos, si amas como ellos, si te consideras en fin uno de ellos, no puedes imaginar que las navajas de la majeza cortando el aire lo que buscan es el marquesado. Ese apego a las viejas tradiciones de tu querido Madrid, ese rechazo a novedades traídas de fuera, son el soporte de tu confianza, confianza que va a costarte la vida.

   ¿Razones del apuñalamiento? Nunca la tarición del marqués, nunca su afrancesamiento; probablemente confluyeron varias, los celos de una manola despechada, los odios escondidos de unos majos hacia quien realmente está lejos de ser uno de ellos, y quizás también recelos de miembros de la nobleza, celosos de su poderío como ganadero y de su influencia para con el rey.

   No quiero terminar esta historia sin poner algo de manifiesto. ¿Qué ocurrió para que de fortificar los portillos de Madrid, de abrir zanjas aquí y allá, de reclutar y armar paisanos para la defensa, se pase a firmar un tratado de rendición no muy honroso que digamos? Si quieres puedes echar un vistazo a los 11 artículos de que consta en el Diario de Madrid de fecha 7 de diciembre de 1808.

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001651892&search=&lang=es

   Esa decisión que toma la Junta Militar de la Villa de Madrid, y en su nombre firman Tomás de Morla, director general de Artillería, y Fernando de la Vera, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, viene motivada por conocer la Junta la fuerza militar que despliega Napoleón desde Chamarín. Pero no me cabe duda que también influyó el ignominioso comportamiento de la turba, a la que hubiera sido complejo someter a una imprescindible disciplina militar. Mi muy querido José Fernández de Pinedo tercer marqués de Perales, tu muerte absurda si pero no baldía, contribuyó a evitar la de otros muchos madrileños armados con viejos fusiles, a manos de un bien pertrechado ejército profesional. Ya no te pareció bastante rezar por ellos, les distes la vida con la tuya.